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Nadir

Fumando, bebiendo, roncando

Ningún decreto ha revuelto a la basca tan hondamente, ninguna ordenanza de ámbito supraregional ha calentado tanto los ánimos, ningún estatuto le ha tocado tanto las narices al personal (ni siquiera el de Cataluña, mal que le bruña al PP), como la rutilante ley antitabaco. Normal: los estatuts no sirven para aliviar tensión en los momentos de acongojada espera, los estatuts no suelen acompañar al café y la copa en la sobremesa de una comilona, nadie (que se sepa) se ha fumado nunca un estatut después de una ardiente sesión de práctica erótica. En cambio los cigarros, antes de convertirse en esa sustancia letal susceptible de arrastrar a medio mundo hacia un suicidio anunciado y colectivo, simbolizaban el placer, la pausa, la reflexión, la recompensa: encender un cigarro entretiene, consuela, estimula, sosiega, y a los fumadores les cuesta renunciar a tanta ricura. Los no fumadores, por contra, no veían llegar el momento de desquitarse, hartos de fumar en pipa ajena, de gastar en colirio (conjuntivitis del fumador pasivo) o en tintorería (tufo a nicotina), y de ir de intransigentes y de exaltados por la vida cuando se quejaban porque un prójimo les echaba el humo en la cara.
Como sucede siempre con las leyes jurídicas o naturales que nos golpean en lo más sagrado, nos ponemos violentamente a favor (los beneficiarios) o en contra (los damnificados). Pero esta ley debe de ser mala de solemnidad, porque no satisface a nadie: ni a los fumadores, que la han recibido como un recorte a sus libertades individuales y una intromisión en su privacidad (equivocadamente, puesto que la ley sólo prohíbe fumar en lugares cerrados y centros de trabajo, y no interfiere con el derecho de cada cual a tupirse a nicotina en su casa, en la calle, o en el bar de la esquina, que con toda seguridad se habrá decantado a favor del consumo de tabaco); ni a los no fumadores, porque es lo suficientemente laxa como para que sigan tragando alquitrán, catecoles y óxido de carbono (con pasividad, eso sí) cada vez que quieren o deben relacionarse con sus semejantes en locales de ocio, en cafés, restaurantes, discotecas, y en ese amplio etcétera que nunca falta en España.
Antes, los malababas, los fundamentalistas, los palizas eran los no fumadores. Ahora, los proscritos, los estigmatizados, los indeseables, son los que fuman. ¿Para cuándo la regulación de todas las demás flaquezas humanas? Porque quien más, quien menos, todos tenemos tachaduras y lacras. Unos se arriman a la ginebra y otras a los culebrones, unas van de ludópatas y otros de vigoréxicos, algunas son compradoras compulsivas, otros roncan que se las pelan, éste le da al onanismo, ése le pega a los decibelios, aquél a la política... Que tire la primera piedra el que se tenga ganado el paraíso por la vía de la abstinencia. De lo que se trata, con leyes o sin ellas, es de no avasallar al vecino de casa, de asiento, de despacho, o de barra. Con tabaco, peste a sudor, a perfume napalm, a golpes de reggaeton o hablando del estatut. Cada cual en su vicio y Hacienda en el de todos.

Pensamiento militar

Entre las materias en las que Bono, generalmente victorioso, puede registrar menos fracaso en su larga vida política están las ceremonias y el marketing. Pero es indudable que últimamente las cosas le han ido mal en ambos campos. Para empezar, la fiesta de la pascua militar, que se presentaba sobria, se la aguó un teniente coronel que se salió del tiesto. Pero, después, a pesar del esfuerzo del ministro por convencernos de que si alguien cuida aquí de las esencias democráticas esos son sus ilustres soldados, no sólo no le han faltado casos de los que emplean un avión para trasladar los aperitivos de las fiestas militares o de los que hacen teatro de aficionados con valores discutibles para reírse de la democracia en los cuarteles, sino reticencias de sus mandos a la hora de los relevos y asimilación de los retratos de la España que dibuja la derecha para convencernos de su España rota. Y esto último es lo que ha hecho ayer un capitán melillense de la Legión que ha confesado no sólo que nuestras Fuerzas Armadas no están contentas con los cambios que la soberanía nacional quiera hacer, sino que él mismo ha estado a punto de presentarse en el ministerio con sus tropas "al ver cómo se está desmembrando nuestra España". Y comprendo la dificultad de la tarea del ministro a la hora de convencer a un ilustre legionario de que España está intacta. Pero veo con desolación que las conferencias sobre España de ilustres intelectuales, organizadas por el ministro, han tenido menos calado en el pensamiento militar que las que desde FAES, bunker del führer Aznar se imponen a Rajoy y que el PP consigue que sean asumidas en los cuarteles. Es muy difícil luchar contra la tradicional vinculación pro-golpista entre la derecha española y el Ejército, aunque se descarte que sus consecuencias en la Europa moderna puedan ser ahora las mismas.

Currículum compulsa vitae

Las verdades incompletas sólo pueden engañar a quienes tienen la poca vergüenza de contarlas. Se nos dicen, sin ningún tipo de rubor, los porcentajes del paro en las Islas pero olvidan, porque no les conviene darlo a conocer, las cifras de los hombres y mujeres que tienen un trabajo en precario -poco sueldo, mucha tarea y más horas de las debidas a las órdenes del patrón- así como las de aquellos que terminan por asumir cualquier tipo de trabajo porque no les queda otro remedio. No son pocos los políticos que aseguran que en estos momentos contamos con la generación mejor preparada de todos los tiempos y, a pesar de lo que aseguran, no dan a conocer la ingente cantidad de jóvenes que culminan sus estudios universitarios para pasar a ocupar lugar en las colas del paro sin llegar a recibir, nunca, una oferta de empleo digna. A poco que se lo proponga, cualquier canario podría encontrar en su propia familia o en la familia de un conocido, amigo o vecino, el ejemplo vivo de un trabajador en precario o de un parado de larga duración. Hoy día, nuestro ámbito laboral sufre por culpa de un deterioro -cualitativa y cuantitativamente considerado- importante que desborda a las pocas actuaciones llevadas a cabo por los que gobiernan en nuestra Comunidad Autónoma. Y, ante una situación que se nos antoja dramática, se ha puesto de moda exigirle el currículum vitae a todos aquellos que, de manera incansable, tratan de encontrar un lugar en el que ganarse el pan nuestro y de cada día utilizando todas las vías puestas a su disposición: internet, ir tocando de puerta en puerta, haciéndole caso a los muchos anuncios que salen publicados en los medios de comunicación, etcétera. Al principio, por aquello de que la esperanza es lo último que se pierde, entregan su currículum en todas partes sin saber, hasta que la experiencia les obliga a abrir más los ojos, que está llevando a cabo un esfuerzo baldío. Y la cuestión se ha agravado, en los últimos tiempos, porque ya son muchos los lugares en los que se les exige que los documentos aportados hayan sido compulsados. Vamos, como para decir aquello de: "Como éramos pocos parió la abuela". Mas, como todo aquello que va mal es susceptible de ir a peor, el asunto de la compulsa se ha complicado debido a que ya no es posible realizar este trámite en las muchas oficinas que la Administración tiene abiertas y que deberían estar al servicio del público; de todos y cada uno de los ciudadanos que pagan sus impuestos. Así las cosas, cualquiera que tenga que compulsar documentos para entregar -a tontas y a locas- se puede ver en la necesidad de acudir a la oficina de un notario y desembolsar una cantidad de dinero que puede llegar a ser importante en el supuesto, siempre posible, de que el número de documentos sometidos a compulsa pueda ser elevado. En resumen, que a una persona sin trabajo, sin ingresos, con estudios? la obligan a pasar por el calvario que supone pedirle dinero a sus seres queridos para poder presentar un currículum vitae que, en la mayoría de los supuestos, puede ir a parar a la basura. Tenemos, según aseguran los políticos de postín, la generación mejor preparada de la historia. Y a esta generación, ya ven, no se le apoya de la manera que merecen.

Héroes

Qué imagen imborrable, la de Carlos Sainz en el París-Dakar, gritando indignado a unos nativos perezosos: "Push, push, push", mientras su copiloto, con más experiencia que él y sabedor de la presencia de las cámaras, intentaba calmarlo. Se había atascado en una duna y exigía a los negros que le ayudaran a salir del trance con maneras increíblemente coloniales. Habríamos dado cualquier cosa por ver cómo pedía ayuda a los transeúntes si el coche le hubiera dejado tirado en una avenida de París. Y no es una crítica a Carlos Sainz. Él éramos nosotros. ¿Qué hacen ahí, quietos, esos negros indolentes, cuando se les ha concedido el privilegio de empujar un deportivo europeo?
Decidí este año, sobrecogido por la aureola de aventura que le precede, seguir el París-Dakar. Al final, empezaron a atraerme más los detalles periféricos que la carrera. A su paso por Mauritania, un grupo de nativos contemplaba el espectáculo desde un árbol, sorprendidos quizá de que esos blancos locos hubieran logrado convertir algo tan cotidiano para ellos como la muerte en un asunto heroico. En África no necesitas jugarte la vida para perderla; la muerte forma parte del menú de cada día. De hecho, los participantes atropellaron a un par de niños, pero no hemos logrado averiguar sus nombres ni la cantidad que han pagado por ellos las aseguradoras. Son datos que no forman parte del quién, cómo, cuándo y dónde del periodismo clásico. Nos hemos quedado sin saber a cuánto sale el kilo de niño negro.
En un programa de TV-1 sobre la carrera, algunos de sus responsables y participantes aseguraban estar muy preocupados por la cultura y el medio ambiente de los lugares por los que pasaban a cien por hora. Lo decían completamente en serio. La organización del París-Dakar mueve aviones de vigilancia, camiones de abastecimiento, hospitales ambulantes, funerarias?. Es una locura, pero no mucho más grande, la verdad, que el resto de nuestras actividades. Acabo de enterarme de que a Sharon le ponen a Mozart para ayudarle a despertar. Conociendo la biografía de Sharon, y la de Mozart, entiendo que no despierte del coma profundo. Al final Mozart nos hace un bello regalo, un impagable concierto manteniendo dormida a la alimaña genocida.

Cajas

Al parecer se ha puesto de moda regalar cajas de cartón. Me refiero a cajas vacías, sin contenido, salvo el aire de su interior. A mí me resulta curioso, porque cuando yo era pequeño, lo importante de un regalo era lo que había dentro. Pero los tiempos cambian y ahora lo que cuenta es lo bonito que sea el envase y, a veces, el dinero que pagues por el detalle. En Japón, por ejemplo, el precio es lo primero y lo único que miran. Los regalos no llegan nunca a abrirse porque dependiendo del color de la caja, el destinatario sabe el valor del presente y ya no le interesa saber si en su interior hay algo o no. Así que la gente agradece los regalos, pero no porque le gusten, sino porque valoran el dinero que te has gastado en ellos y aunque Japón está muy lejos y quizás no debería importarnos, los regalos, como la gripe aviar se contagian por el aire, así que una mutación de las cajas vacías ha cruzado el espacio aéreo para llegar a nuestras tierras. Por eso se ha puesto de moda entregar regalos falsos. A todo el mundo le parece bien poner listas de aquellas cosas que no necesita para informar a la gente del dinero que quiere que le ingresen. Los regalos en este caso no sólo están vacíos sino que encima mienten. Pero la gente no soporta las mentiras, así que algunos, los más honrados, han decidido entregar el número de cuenta corriente para que directamente les hagas un abono en su cuenta bancaria. Es una manera de regalar aire, sin la incomodidad de la caja de cartón, por lo que el tema de las tarjetas está prosperando y las empresas que no son tontas se han dado cuenta. Así que ahora cunado entras en un comercio no te sorprende ver que además de la mercancía normal venden tarjetas de plástico con un lazo de regalo. Por lo visto, disponen de banda magnética y se pueden cargar con cantidades de dinero para gastar en dicho establecimiento. De esta manera tan inteligente uno se ahorra, la caja, el aire y el traspaso a la cuenta corriente. Una comodidad que no todo el mundo aprecia porque hay gente a la que le gusta el momento de desembalar el regalo y desenvolver una tarjeta no hace mucha ilusión. Para resolver ese problema se han puesto de moda las muñecas rusas, que son cajas, rellenas de cajas, cuyo disfrute principal reside en abrir una y otra vez la misma muñeca de madera, hasta que al final descubrimos el vacío existencial de nuestra vida o de nuestras tarjetas que es casi lo mismo. Mi primo, que es un poco raro, regala todas las cajas a sus hijos pequeños, así si se compra una nevera, los cartones sirven para construir refugios y escafandras. Vivimos en un mundo extraño, y eso que no somos japoneses que duermen en cajas de cerillas en vez de hoteles. Dicen que esa moda está también aterrizando en nuestras tierras, así que dentro de poco alguien te regalará una tarjeta con derecho a dormir en una caja y con el desayuno incluido. En fin que en cierto modo todos somos mendigos, en trajes de etiqueta con el precio puesto y con la marca colgando, porque nos pasamos media vida buscando cajas de cartón y la otra media regalando nuestras miserias envueltas en papel celofán. De tanto regalar cartones nos hemos convertido en cajas vacías. Yo por ejemplo cada día que pasa parezco más un trozo de papel de estraza. Me envuelvo en mí mismo y me regalo en forma de escritos, pero en el interior de ellos, lo único que existe es otro escrito, una especie de muñeca rusa periodística que no termino de entender. Por eso mi madre, que es cajera, me quiere poner a la venta, pero esa es otra historia.

 

El Portavoz

Un arresto domiciliario es una cosa muy dura, y si no que se lo pregunten a Pinochet. Que te arresten en un piso de 30 metros, pase, porque lo tienes todo a mano, pero que te sometan a esa prueba en un palacio muy grande es una desgracia. Y eso es lo que sufre el teniente general Mena. Con el agravante de que tiene su despacho en casa, de modo que no le ha quedado más remedio que dirigirse a su escritorio, quizá gratificado con su repentina fama, que se la merece, para leer lo que la prensa dice de él y de su coraje. De no haber hecho lo que hizo, pudo haberse ido a casa en marzo próximo sin que se supiera de él, cuando sólo un teniente coronel como Tejero alcanzó sin duda mayor notoriedad. No digo que este servidor de España actuara por vanidad, si bien es posible que alguien lo pinchara de vez en cuando con un "te vas a ir de aquí sin pena ni gloria". Pero, para consumar su atrevimiento, eran precisas tres cosas: una, tener motivos; dos, contar con apoyos externos y, tres, estar a punto de jubilarse. Y esto explicaría lo que Rajoy sostiene: que el caso Mena no ha sido una casualidad. Los motivos se los atribuye Rajoy a Zapatero por propiciar un debate sobre un polémico nuevo Estatuto de Cataluña, con lo cual el presidente tendrá que lamentar ahora no haber tenido en cuenta a Mena; tiene razón Rajoy. Pero Rajoy no puede quitarse méritos: su declaración de España como patria catastrófica por desgobierno arrebata más el corazón de cualquier Mena. Y de los apoyos externos con los que cuenta el militar debe saber Rajoy, y si no que se lo pregunté al presidente del PP de Fuerteventura, una autoridad moral en Canarias, que ha asegurado con burda contundencia que Mena no está solo. Aunque no creo que necesite hacer la consulta: son tantos los cargos populares que siguen saliendo en apoyo de Mena que el pobre Mena sólo parece ya un portavoz del PP. Y no es una casualidad.

11-M y clavos ardiendo

La investigación de los atentados del 11-M no ha encontrado en 21 meses de trabajo indicio alguno que, a día de hoy, permita relacionar a ETA con las explosiones en los trenes de Madrid que dejaron 191 muertos y 2.000 heridos. La última investigación policial, especialmente exhaustiva, ha rastreado en los teléfonos móviles de 15 implicados principales en los atentados y en los teléfonos móviles de los etarras que fueron detenidos cuando dirigían una furgoneta cargada de explosivos a Madrid. El PP ha vinculado a estos terroristas de ETA con los terroristas islamistas, tomando como base que su viaje se inició casi a la vez que el que hicieron los terroristas islamistas desde Asturias a Madrid cargados de explosivos robados.

Esa investigación sobre los teléfonos de unos y otros, cuyos resultados forman parte del sumario que instruye el juez Juan del Olmo, no ha hallado ni una comunicación que vincule a ETA con el 11-M.

La conexión entre islamistas y radicales abertzales es una posibilidad que los servicios antiterroristas de todo el mundo ni siquiera contemplan. La Policía, la Guardia Civil y el Centro Nacional de Inteligencia han rastreado las posibles vinculaciones de etarras con la trama de los explosivos de Asturias; han investigado las caravanas que, con un día de diferencia, partieron del norte a Madrid; han analizado el robo por parte de ETA de un coche en la misma calle de Avilés donde vivía el ex minero Emilio Suárez Trashorras; han buceado en los posibles contactos en prisión de islamistas y etarras y han cruzado las llamadas de los teléfonos de los implicados en el 11-M. De todo ello han hecho informes. La conclusión es siempre la misma: a día de hoy, no hay relación alguna entre el 11-M y ETA, o los GRAPO. Incluso tildan la posibilidad de "ridícula".

Las posibles conexiones entre islamistas y etarras ha sido uno de los caballos de batalla del PP. Ese interés en encontrar vínculos se ha evidenciado en varias iniciativas de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT). Han llegado a acusar al juez Del Olmo, a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y al Gobierno de intentar ocultar las conexiones por motivos casi criminales. Los asuntos investigados que han llevado a descartar conexiones entre ETA y los islamistas son éstos:

- Las caravanas de explosivos. A las 0.40 del 29 de febrero de 2004, una patrulla de la Guardia Civil de la Comandancia de Cuenca interceptó a la altura del kilómetro 181,5 de la N-320, en las proximidades de Cañaveras, un vehículo Renault Trafic blanco, matrícula 7960-CPY, ocupado por Gorka Vidal Álvaro, quien dijo ser miembro de ETA y portar en la furgoneta 600 kilos de explosivo. "De forma casi paralela, en la mañana del mismo día 29, tres de los integrantes del grupo terrorista autor de los atentados del 11-M en Madrid, Jamal Ahmidan, El Chino; Mohamed Orlad Akcha y Abdennabi Kounja, comienzan un recorrido en coche desde Tineo (Asturias), adonde habían acudido la víspera para abastecerse del material explosivo utilizado en los atentados hasta la localidad madrileña de Morata de Tajuña, donde el material fue depositado y almacenado hasta el momento de su utilización".

Esta coincidencia, dice un informe de la Comisaría General de Información, "ha propiciado la aparición de ciertas interpretaciones que han pretendido establecer una conexión directa y un propósito común entre las denominadas caravanas de la muerte". Salvo la fecha "no se ha constatado otro dato objetivo que permita apreciar otra circunstancia que la del mero azar". No obstante, en plena campaña de las elecciones generales, "Madrid tendría que ser el punto de referencia para la actuación de cualquier grupo terrorista que quisiera publicidad y notoriedad".

Para empezar a hablar, cada caravana llevaba explosivo diferente. La de ETA llevaba "506 kilos de cloratita, 30 kilos de dinamita Tytadine y 90 metros de cordón detonante, ambos de fabricación francesa". Los islamistas llevaban unos 200 kilos de Goma-2. La furgoneta de los etarras había sido robada el 27 de noviembre de 2003 en Vallnier (Francia) y le habían puesto una matrícula falsa perteneciente a un camión de una empresa de San Sebastián. Como lanzadera utilizaron un Opel Meriva alquilado por Gorka Vidal en la empresa Avis. El viaje de los islamistas desde Avilés comienza a las 12.00 del 29 de febrero en un Golf y un Toyota Corolla, con placas falsas (9231-CDW), robado el 18 de septiembre de 2003 en Madrid. Este coche es parado por un guardia civil en Sotopalacios (Burgos) a las 16.19. Le pone varias multas y lo deja partir a las 16.36.

Es decir, no coincide ni el modus operandi, ni los explosivos, ni la ruta. Además, los etarras detenidos en este traslado, Vidal e Irkus Badillo, declararon que su objetivo era perpetrar "un atentado en los alrededores de la capital madrileña, en un polígono industrial de los situados en las proximidades de la carretera N-II (Madrid-La Jonquera), pudiendo elegir el sitio. Una vez activado el coche bomba, realizarían llamadas inminentes de aviso". Vidal declaró que la intención "era crear pánico". Los autores del 11-M no avisaron.

- Los teléfonos móviles. Los investigadores han elaborado un informe con las llamadas entrantes y salientes de los tres móviles que llevaban los etarras de la caravana de la muerte, un TSM5m de Movistar, comprado en Amurrio (Álava); un Sagem, también de Movistar, adquirido en el Carrefour de Vitoria; y un Alcatel de Vodafone, del que no consta su punto de compra, aunque sí que lo adquirió Vidal con tarjeta de crédito. Ese informe lo han cruzado con otro de las llamadas de los teléfonos de Suárez Trashorras, Carmen Toro Castro y 13 miembros de la célula de Morata de Tajuña. No hay ni un cruce.

Entre el 31 de diciembre de 2003 y el 28 de febrero de 2004, los etarras hacen 24 llamadas, entre ellos o a alojamientos de Jaca (Huesca), donde pensaron cometer un atentado en pistas de esquí (con 13 mochilas bomba, otra casualidad). Incluso recibieron una llamada de un móvil del Ayuntamiento de Tavernes de Valldigna (Valencia), que dura 13 segundos.

Las llamadas de los 15 teléfonos de la trama asturiana y la célula islamista se han investigado entre los días 26, 27, 28 y 29 de febrero de 2004. Se han rastreado más de 500 llamadas, sin que ninguna sea con los etarras ni con ningún teléfono susceptible de haber sido usado por ETA. Sólo queda por averiguar los datos de un teléfono, desde el que se enviaron varios SMS. Todas las llamadas entrantes y salientes son entre Trashorras y el grupo que fue a Asturias y entre éstos y los restantes terroristas que esperaban en Madrid.

- El robo en el callejón de Trashorras. El 2 de diciembre de 2002, los etarras Jokin Etxebarria Garaikotxea y Gotzon Aramburu Sudupe sustrajeron un Renault 19 GTD, matrícula O-1149-AW en la travesía de la Vidriera, semiesquina a la calle de Juan XIII, en Avilés, la misma donde tenía un chiscón Suárez Trashorras. Los dos etarras llevaban desde el 24 de noviembre dando vueltas por Asturias y Cantabria, cambiando de alojamiento cada dos o tres días, por motivos de seguridad. Según declararon ambos, la noche en que robaron el coche durmieron en la pensión La Fruta, de Avilés, donde se registraron con nombre falso. Desde las 21.00 hasta las tres o cuatro de la madrugada, estuvieron tumbados en "las camas para descansar".

Nada más robar el coche, junto a la entrada a la autopista, fueron a un lugar tranquilo y cambiaron la matrícula, que correspondía a otro del mismo modelo. Para el robo trajeron desde Francia la placa falsa, procedente de las robadas en Usurbil en mayo de 2002.

El comando se fue a Solares para recoger el explosivo que ETA había escondido bajo unos árboles, a 500 metros de un concesionario de coches. El paquete tenía unos 40 kilos de dinamita, clorato de potasio, azufre, azúcar, cordón detonante, un reloj Casio PQ-10 y otro Zinder Timer. El punto exacto lo tenían marcado en un croquis que les había dado Óscar Palacios Alday, Andoni, en Francia. El material lo había llevado hasta allí "un talde [grupo] de apoyo, encargado de realizar las entregas de material desde Francia hasta este punto, englobado en el subaparato Bamu". Según declararon, en la noche del 2 de diciembre lo estacionaron en la segunda planta del aparcamiento subterráneo de la plaza de Alfonso XIII de Santander, donde estalló. La dueña del Renault ya se había dado cuenta del robo y su marido lo había denunciado. Al día siguiente, Aramburu, con un móvil comprado sólo para eso, avisó de la explosión, que se produjo a la hora señalada.

Los TEDAX de Cantabria y del servicio central entregaron el 29 de enero de 2003 un informe de 20 páginas que concluía: "Por todo ello, componentes del artefacto explosivo, funcionamiento del mismo, modus operandi general y demás circunstancias que rodean el hecho, la responsabilidad de este acto terrorista se puede atribuir de forma manifiesta a la organización terrorista ETA".

Sin necesidad de colaboración

Toda la investigación fue repasada durante 2004. Ni Trashorras ni los etarras han hablado de conexión alguna entre ellos. Los informes elaborados posteriormente subrayan: "Nunca estos activistas [de ETA] han tenido la necesidad de contar con ningún tipo de colaboración para el robo de vehículos, eligiendo aquellas marcas y modelos sobre los cuales han recibido formación (...) El hecho de que un liberado solicitara la colaboración para algo tan simple (...) no haría sino disminuir su nivel de clandestinidad y aumentar su vulnerabilidad, y más aún en el caso de que, como ocurre con Suárez Trashorras, esa persona estuviera inmersa en el mundo de la delincuencia y en consecuencia fuera susceptible de control policial".

A juicio de la policía, el paso del comando por Asturias obedeció a motivos de seguridad, "y no a la búsqueda de ningún tipo de contacto". Es decir, el robo en el callejón fue debido "al mero azar". Los investigadores insisten en "la inexistencia de pruebas que permitan, ni tan siquiera sospechar, posibles conexiones entre los miembros del comando Egoitz eta Hodei y la llamada trama del explosivo asturiano utilizado en el 11-M".

Es decir, se ha investigado a fondo, pero a día de hoy, nada vincula a ETA con el 11-M, como tampoco hay relación entre los autores del 7-J en Londres y el IRA. Los expertos británicos incluso se enfadan si se les plantea esa posibilidad. Los policías españoles han tirado la toalla, aplastados por la propaganda de quienes ven en la conexión de ETA el último clavo ardiendo al que agarrarse.

Evo y las pasiones

A una parte de la familia política española no le cae bien Evo Morales: hablan de él con el desdén con que los pijos hablan de la gente desarrapada o del servicio. Cuando Rajoy intenta ridiculizar la política exterior española, y desdeña para eso a Zapatero, insinúa con burla cierta intimidad de éste con Fidel Castro y Hugo Chávez y los mete a los tres en el mismo saco, como autoritarios y pobres chicos; ahora ya son cuatro. No hay constancia de que Zapatero tuviera urgencia en recibir a Evo Morales, a pesar de que en Bolivia hay no pocos intereses españoles que defender, pero bien por hablar de eso o de los propios intereses de su pueblo, que una cosa tiene que ver con la otra, sí parece que Morales se haya dado prisa en venir, sin ni siquiera haber formado gobierno todavía. Más prisa se dio, sin embargo, en correr a La Habana y a Venezuela para incorporarse a la alianza antiimperialista de Chávez y Castro. Y puede que este recorrido sitúe a Zapatero en una situación más incómoda, al menos ante Rajoy. Pero no es extraño que Rajoy no quiera ni oír hablar de Evo por falta de afinidad. Ser rey es otra cosa: obliga a recibir, a sonreír y a escuchar, y así lo hizo don Juan Carlos con Morales. Los socialistas se empeñan en que quien aspira a ser presidente de gobierno ha de hacer lo mismo y quieren de Rajoy que hable con libertadores con los que no está de acuerdo. Pero miren si Rajoy es fiel a sus principios y a los que desde FAES se le dictan de la mano del mentiroso Aznar que, aunque Bolivia sea la segunda mayor reserva gasífera del subcontinente, que eso si es seguro que le interesa, tanto como a la patronal CEOE, que no ha dudado en verse con Evo, a él un agitador boliviano no le cambia su agenda de actividad, y menos la de descanso, haya sido elegido o no democráticamente, para eso se cayó de un helicoptero, faltaría más. . .las vacaciones son las vacaciones

Calendarios

Siempre que se acaba el año recorto la última página del calendario, hago un avión con ella y la lanzo por la ventana en el momento que suenan las campanadas. Es una manera de ver volar el año, tan buena o tan mala como comer uvas o soplar un matasuegras, con la ventaja de que es más tranquila o por lo menos más ingrávida. Una vez, al salir a pasear el primer día de enero, me encontré mi propio avión junto al bordillo de una acera. Parecía un pajarillo que se hubiera caído de su nido y al verlo tuve un ataque de nostalgia por las cosas pasadas. Me acerqué con cuidado hacia ese animal prehistórico y lo sacudí un poco con la punta del zapato. El avión, que era un calendario, no movió ni un músculo alado, quizá estaba dormido, pensé dándole la vuelta con el empeine. Miré sus tripas y supe, sin lugar a dudas, que estaba tan muerto como un dinosaurio. Tuve que salir corriendo y durante el resto del día no pude evitar pensar que de alguna extraña manera había contemplado el alma material de esos días que vuelan. Al llegar a casa contemplé el nuevo calendario que colgaba en la cocina y me prometí que lo cuidaría con cariño, que no tacharía días, que no arrancaría las páginas para hacer listas de la compra y sobre todo que nunca más dejaría un año volar sin asegurarme de su destino inmortal. Así que ahora sigo haciendo aviones, pero luego salgo a la calle y lo busco con una linterna para prenderlo fuego con un mechero y así asegurarme de que el humo del pasado asciende al cielo y libera el presente de cadáveres en descomposición. Las cenizas, las recojo en un sobre y las mando por correo al ministerio de tiempos modernos para que las analicen y le hagan la prueba del carbono catorce. Claro que no pongo remitente, porque no quiero recibir contestación, pero al menos mi conciencia se queda tranquila y siempre es bueno empezar el año sin remordimientos de calendarios caducos. Lo peor es que este año me regalaron una agenda digital y por primera vez en muchos años no he tenido calendario de papel, así que ahora que llega la nochevieja no estoy seguro de lo que voy a hacer. Quizás lance el aparato por la ventana, pero no creo que vuele bien porque no es muy aerodinámico. Es lo malo de las cosas digitales, que no hay manera de doblarlas, ni de vencerlas, ni de caducarlas. Pero yo no me resisto a dejarme intimidar. He leído que han inventado el papel electrónico así que el año que viene seguro que puedo hacer un avión digital con mi agenda o por lo menos una pajarita virtual. Lo peor es que a esos restos no habrá manera de pegarles fuego sin tener un grave problema medioambiental. Además, para agravar el problema, las agendas digitales no sólo incluyen los santos diarios y las fases lunares, sino que también almacenan canciones, videos musicales y relatos de mentiras bien contadas. ¿Cómo podré eliminar los días sin quitar todo lo demás? ¿Cómo puedo borrar mi pasado si tengo tantas cosas pegadas a él? Me gusta ver volar los aviones de papel y me siento viejo al contemplar este trasto digital que se ha convertido en una parte de mí de la que no me puedo desprender. Quizás empiece el año sintiéndome confuso o añorando esos pájaros muertos que siempre pude quemar. Quizás empiece el año sin entender nada de lo que ocurre a mi alrededor, lo cual sería lógico porque siempre ha sido así. Ahora que los días son digitales yo me he vuelto analógico. Es algo extraño, a lo mejor es que soy un pájaro que resurge de sus cenizas para tomar el té con el ave fénix y celebrar el año nuevo volando sin plumas.

La vieja educación

En algunos lugares de España, en Castilla-La Mancha sin ir más lejos, se sigue cazando con galgos, creo que sin actualizar alguna normativa. Pero lo peor no es eso, lo peor viene cuando algún señorito cazador decide cambiar de galgo y se entrega al placer de atarle una soga al cuello y experimentar el gozo de asistir a una lenta agonía del animal. No estoy seguro de que este disfrute con la crueldad sea exclusivo de las clases acomodadas, pero si sé que hay una especie de pijos caprichosos que suelen agradecer así a los perros los servicios prestados. Tampoco excluyo a los jóvenes pijos de esta satisfacción con la maldad, pero me consta que no son jóvenes muchos de ellos. Así que ahora, cuando la crueldad ha pasado del galgo a la mendiga, como ha ocurrido en Barcelona, y se habla de un nuevo problema de educación, como si todo dependiera de la LOE, por la condición de jóvenes de esta escoria humana que ha dado muerte a una mujer, no sin diversión al rociarla con líquido inflamable, recuerdo lo de los galgos como algo que viene de viejo y que entre cierto sector social adinerado ha debido crear escuela a lo largo de los años. Este nuevo paso siniestro en la juerga de los chulitos acomodados no parece un problema de la escuela pública y creo que tampoco de los colegios de pago, religiosos o laicos, sino una cuestión de herencia en algunos casos, cosa de familia: antes, por miedo, sólo se divertían estos mimosines matando animales con crueldad; ahora, sin miedo, han pasado a los seres humanos que toman por animales. Eso sí, los cobardes eligen a los más débiles. En este caso, mujer y mendiga. Esta vez la ropa de marca quedó registrada por las cámaras del cajero con tanta fidelidad que entre el horror de los golpes y la carne quemada de la infeliz se podía ver la gomina de estos salvajes y hasta percibir el perfume que acompañaba su vieja y repugnante educación.

Cutrerío de mortero

Uno pasea por el cogollo del centro comercial de Santa Cruz de Tenerife y se siente súbitamente trasladado a las fiestas patronales de Taucho en 1970. El espectáculo rebosa tal cutrerío y zafiedad que esperas escuchar a través de altavoces una oferta de muñecas chochonas. A los comerciantes, siempre animados por el Ayuntamiento para dinamizar el centro chicharrero, no se le ocurrido mejor novedad en la ornamentación navideña que estirar cuerdas de un lado a otro de la calle y colgar bolsas de sus establecimientos. Sí, las bolsas que utilizan para entregar las mercancías a los clientes. Bolsas de jugueterías, de boutiques, de zapaterías, de cafeterías o de tiendas de productos electrónicos. Algunas de las tiendas y baretos no usan habitualmente bolsas con su nombre y/o logotipo, pero no hay problemas irresolubles: cogieron una bolsa de plástico, le pegaron una etiqueta y escribieron el nombre del negocio en cuestión con un rotulador. Perfecto. Todavía no me he repuesto de la visión de cientos de personas deambulando bajo las bolsas que la fresca brisa de diciembre transformaba en una alegoría estremecedora de nuestro secular quiero y no puedo.
Simplemente no me creo que los concejales responsables y los comerciantes de Zona Centro no sepan que esta exhibición de mal gusto es pura horterada. Esta gente ha viajado, ha conocido otras ciudades, e incluso, como el siempre sonriente y jovial Brunio Piqué, ha estudiado fuera de las ínsulas baratarias. Y por tanto no ignoran que una ciudad ambiciosa debe y puede engalanarse navideñamente de otra manera. Que poner una alfombra roja que se pringa a las 24 horas (y dejarla ennegrecida y sucia en el suelo durante tres semanas) es una negligente estupidez que termina asqueando a la gente o, en el mejor de los casos, sumergiéndolas en la más absoluta indiferencia. Que otras asociaciones de comerciantes -en otras ciudades menos quejicas y más orgullosas de sí mismas- habilitan durante las fiestas guarderías y espacios lúdicos para los niños más pequeños. Y organizan pequeños conciertos musicales -y hasta breves piezas teatrales- en las plazas y en las esquinas. E invitan a los clientes a dulces, pastas o hasta a un cafelito. Y mantienen bien iluminados sus escaparates. Sí, todo eso corre en otras ciudades, en otras zonas comerciales, en otros lugares en el que los comerciantes no imploran atención pública, sino intentan que el público se interesen por ellos. Pero aquí no. Aquí colgamos bolsas arrugadas y pintarrajeadas. Aquí estamos en Santa Cruz de Tenerife.

Coherencia

Cuando cayó el muro de Berlín se puso de moda hacer collares y pendientes con los pedazos de aquella tapia que había dividido en dos partes la realidad. Mucha gente todavía los muestra como símbolo de algo, no sabemos exactamente de qué. El cuerpo deviene con frecuencia en un curioso escaparate de afirmaciones absurdas. Podríamos creer que los usuarios de aquella bisutería pretendían mostrar su apuesta por la libertad, pero no era eso, no era eso. El modo en el que los comerciantes hurgaron en el muro hasta no dejar ni un átomo de él tenía que ver con algo más oscuro y seguramente inexplicable. En cualquier caso, hicieron un buen negocio, pues no había visitante que no comprara un trozo de ladrillo, engarzado o no, para mostrarlo en las cenas de los sábados.
Una empresa suiza está comercializando con éxito una iniciativa que consiste en convertir las cenizas de los seres queridos en diamantes. Entregas a tu padre en una urna y te lo devuelven convertido en dos joyas dentro de un estuche. Luego, te puedes hacer unos gemelos o una gargantilla. La operación cuesta un pico (entre 3.700 y 15.00 euros, depende del tamaño del padre), pero a los deudos les divierte la idea de convertir al difunto en una alhaja. Como el cuerpo tiene muchos espacios vacíos, hay sitio para todo. Puedes llevar el muro de Berlín en la muñeca y a papá en el dedo anular, engarzado en oro.
Nos vuelven locos los objetos. Cosificamos todo lo que cae en nuestras manos, sean difuntos o muros de Berlín. Las cosas no tienen por qué significar algo, incluso pueden no significar nada. La búsqueda del sentido es un asunto pretérito. Lo que nos gusta ahora es el sinsentido. Una revista francesa, en esa dura competencia con el resto de publicaciones por ver quién ofrece más cantidad de absurdo, acaba de regalar a sus lectoras un vibrador. Con idéntico criterio, podría haberles regalado una lavativa (cuidado, no es mi intención proporcionar ideas). Después de todo, la lavativa, como han venido a demostrar las revistas especializadas, es también es un artefacto sexual. Pero ya he caído en la trampa de la coherencia. Algunos no tenemos remedio.

Harold Pinter o la vida es sueño

Harold Pinter ha sido calificado de extremista por llamar criminales de guerra a Blair y Bush, a quienes la población mundial considera gente moderada, razonable, de centro. El caso es que Pinter no ha matado a nadie, mientras que los políticos mencionados han invadido un país, provocando más de 30.000 víctimas civiles. Y nos referimos a los muertos, porque los mutilados no entran en la contabilidad. Si hubiera que registrar las piernas, los brazos, las orejas y los dedos que han saltado por los aires, habríamos necesitado un ejército de contables y ningún país de la coalición invasora disponía de él. En España hay unos contables excelentes, pero preferimos llevar personal humanitario. Ahora hemos sabido que el personal humanitario entró en combate 40 veces en 48 días y que se cargaron humanitariamente al menos a 8 iraquíes que se defendían de la invasión. Pero si calificamos de extremista a Harold Pinter por llamar a las cosas por su nombre, por qué no calificar de humanitario a un tanque, a un rifle de mira telescópica, a un sargento de infantería.
Ahora, los propios militares que viajaron en "misión humanitaria" a Irak solicitan que se reconozca que fueron a una guerra. Me imagino que por el asunto de las medallas y los dineros. No es lo mismo una condecoración de combate que una banda de honor de enfermero. La banda, probablemente, no esté pensionada. A ver quiénes son los extremistas, quiénes son los humanitarios, quiénes son los mentirosos. Y es que no hay que olvidar tampoco -nunca, nunca, nunca- el cúmulo de falsedades con el que fuimos en misión humanitaria a esa guerra en la que matamos humanitariamente a ocho insurgentes (contando por lo bajo) y donde tambien sufrimos alguna baja propia.
Si sueñas que hablas con tu padre, puedes jurar que ni tu padre es tu padre ni tú eres tú. Por eso los sueños necesitan interpretación, porque nada en ellos es lo que parece. Y si sueñas que Harold Pinter, un escritor que no ha matado una mosca, es un extremista, mientras que Aznar, Bush o Blair son gente moderada, puedes jurar que todo está al revés porque las afirmaciones oníricas no son fiables. Quiere decirse que la vida es sueño. pero los asesinos siempre tendran las manos manchadas de sangre.

Mentiras de papel

Los suplementos de los periódico son mentira. Las revistas con recomendaciones de regalos para Navidades (un estuche de especias, treinta euros; pimienta suelta en el mercado, unos céntimos) son una bola. Y los planes de pensiones, y los viajes de puente o de fin de semana, y los coches tipo wagon, y las televisiones gigantes de pantalla plana, los home cinema y esa cocina de superdiseño que te quieres hacer como la que viste en otra revista. Es decir, todo esto es real, pero para la mayoría de los españoles es un sueño lejano, solo posible con un entrampe de por medio o en los anuncios de, otra vez, esas revistas que te compras para ver lo que no te puedes comprar: el mundo a tres euros, ni siquiera soñar ya es gratis.
La economía en España crece, en Canarias crece incluso más, pero nadie se entera. Más bien parece que se enteran unos pocos, mientras los demás siguen maldiciendo al euro y ajustando para llegar a fin de mes. No se pasa hambre, pero tampoco se puede ir a más, o por lo menos ir a esa mentira a tres euros de las revistas y los suplementos dominicales.
Hay una parte de nosotros que sí puede hacer eso: soñar a través de los anuncios de colorines, poesías cromáticas de Photoshop a una página, incluso pensar en un crédito, en unos plazos, en una tarjeta para hacerse con la tontería del momento. Pero hay muchos que no. Justo un veinte por ciento de los españoles vive por debajo del umbral de la pobreza, o sea, con menos de 369 euros al mes. Con eso no da para prácticamente nada, y mucho menos para pagar una conexión a internet y leer esto, así que tampoco se para que lo escribo. Y así vive uno de cada cinco españoles. Aquí es peor, porque casi uno de cada cuatro hogares canarios está en riesgo de pobreza.
Lo de siempre, otra estadística más perjudicial para Canarias. El Archipiélago siempre pinta así: en la cola cuando se escruta algo positivo, a la cabeza cuando el objeto de estudio es negativo. Es una situación que cansa bastante, es rematadamente aburrido que tengamos los peores sueldos y la cesta de la compra más cara, los peores índices de lectura de periódicos, campeones en lo bueno y vencedores en lo malo, siempre así. Canarias es una mierda.
Pero mientas tanto, Canarias sigue creciendo, pero no sabemos muy bien para quién está creciendo ni en beneficio de quién. Solo sabemos que algunos podemos soñar con la página de la revista y otros ni siquiera pueden comprarla.

Pedales

Me gustaría ser dentista, pero sólo soy una persona con los dientes picados y sin luz en el comedor. Estoy buscando una lámpara de las que, para encenderse, disponga de un tirador de esos de bolitas, como los que tiene mi madre en su casa, pero que al parecer ya no existen en el mercado. Lo que se lleva es encender las lámparas con el pie. Un sistema curioso, porque es de los pocos electrodomésticos que funcionan de esa manera. Me recuerda al sillón de un odontólogo, que pese a no ser un electrodoméstico también funciona con el pie. Claro que en el caso de mi dentista tiene sentido que utilice sus piernas para controlar las taladradoras de dientes. Al fin y al cabo tiene las manos ocupadas en mi boca y lo último que me gustaría es que tuviera que utilizarlas para encender y apagar esos aparatos de tortura. El caso es que no hay manera de comprar lámparas que se enciendan con la mano, supongo que porque de alguna manera todos nos hemos vuelto dentistas y tenemos las manos ocupadas con otras cosas más importantes. Por desgracia mis manos suelen estar libres y deseosas de encender o apagar cosas, así que debo ser una especie en vías de extinción. Como los trenes que también se encienden y apagan con los pies. Al parecer, los maquinistas tienen que estar pulsando un pedal en continuo porque si no lo hacen el tren se detiene. Según me explicaron era para asegurarse de que la persona al frente del convoy estaba vivita y coleando. Tiene su gracia pero nada que ver con mi lámpara, ya que los electrodomésticos de una casa pueden estar funcionando sin problemas aunque el dueño haya fallecido hace meses. Quizás sería una buena idea incorporar el sistema de los trenes a las televisiones, o a los mandos a distancia, pero por desgracia seguiría añorando mi cadena de bolitas para encender la luz de mi comedor. Porque mi casa, que es de segunda mano, está llena de luces halógenas y cuando pulso el interruptor parece que los cielos se abren y brillan sobre mi cabeza sin pelo, cegándome los ojos, el alma y los dientes picados que mi dentista repara con los pies. Así que estoy tratando de comprar una lámpara de esas de pata, que no se enciende con el pie, valga la redundancia, pero no hay manera de lograrlo porque al parecer todos somos dentistas o maquinistas de trenes vivos. Mi madre me dice que soy un exagerado, que ella también tiene una de esas junto al sillón y que yo no me había quejado nunca, pero lo que no sabe es que yo la enciendo con la mano cuando me siento a leer un libro. Porque por suerte, el interruptor de su lámpara está en el suelo, justo en el sitio donde cae mi mano cuando la deslizo por el brazo del sillón. Había buscado por todos lados hasta que en una tienda encontré una lámpara de diseño que tenía cadenita. La compré sin preguntar el precio y casi fallezco sin pisar ningún pedal cuando descubrí lo que me había costado. Por desgracia mi hija opinaba que el color plateado no pegaba con los muebles del salón y me hizo devolverla sin llegar a probarla ni una sola vez. En la tienda se negaron a darme el dinero y yo me quedé con la lámpara en el maletero del coche y con mis halógenos brillantes en el comedor. He hablado con mi dentista, para que me enseñe a manejar los pies con soltura, pero soy un patazas. Por eso, algunas noches rebusco en los contenedores un enchufe donde sentarme y conectar mi lámpara. Allí junto a la basura, tiro de la cadena de bolitas mientras pienso que quizás muera cuando me separe de ese aparato, como si mi vida fuera un tren y yo un maquinista loco.
 

Lanchas en el tejado

Una vecina de La Higuerita subió a la azotea y se quedó pálida, estaba que no salía del asombro, tuvo que ser asistida con toronjil y hierbaluisa; no había visto algo igual en los años que lleva en el barrio. Subió por ver cómo estaban las liñas de la ropa y los bidones grises que presiden desde lo alto y se encontró con una lancha. Dio la voz de alarma. Nadie supo cómo llegó sin grúa, no saben quién es el dueño de la embarcación que tuvo que atravesar un mar de antenas durante la tormenta que todos sabemos, a lomos de una marejada de olas invisibles; el costillaje aguantó el embiste del temporal de larga cola, la quilla está impecable, los toletes en su sitio y en el interior no hay restos de escamas ni huele a cangrejilla. La chalana, que mide dos metros y pico de eslora, está todavía en la casa. La hilera de visitantes aumenta cada día, es un espectáculo gratis que nadie quiere perderse; basta con subir las escaleras para encontrarse con un barquillo perdido y sin dueño, triste y abandonado en el techo de una vivienda. Con este cuadro, la señora de la casa quiere seguir dando cuerda a la quiniela de responsabilidades y no tiene claro si echarle la culpa a Zerolo, a Unelco, a Melchior, a la excesiva energía eólica o a Carlos Larrañaga. Hasta la hora presente se desconoce quién maneja esa barca y cuál es el número de folio que figura en la proa. El patrón andará tras la estela de la nao que el ciclón le arrebató la noche de los efectos especiales, en esta película de piratas, de banderas negras y de loros parlanchines que siguen buscando culpables en las nubes de desarrollo vertical, en los cirros altos del poder, en el yunque vaporoso que antecede a la tormenta o en las palabras del escritor Mark Twain: "El tiempo atmosférico siempre está haciendo algo... siempre presenta modelos nuevos y los prueba en las personas para ver cómo reaccionan".

Constitución

Me produciría una enorme satisfacción que el PP defendiera la Constitución Española del 78, incluso sin que medien ataques previos contra ella, si esa defensa no implicara una agresión al resto de los partidos y un secuestro de lo que es de todos, para usarlo en provecho propio. Algunos pensarán que el debate para la reforma del Estatuto de Cataluña es ya un ataque a la Constitución, como algunos pensaron que llevar el Plan Ibarretxe al Congreso (tardó un par de días en ser devuelto y a la Constitución no le rozó una coma) supuso un ataque al sistema constitucional. Yo disiento absolutamente de esa percepción tan estrecha: si algún valor tiene la Constitución del 78 es el de permitir que todo pueda ser discutido y debatido, incluyendo el propio texto constitucional, respetando los cauces y mecanismos que la Carta Magna establece. Por eso, lo que menos me gusta de la teórica defensa que el PP hace de la Constitución, es que la defienda de todos los demás, de todos los que no son el PP o no piensan como piensan los que son del PP.
Juegan los conservadores españoles con la Constitución a un juego peligroso y rastrero, un juego parecido al que se gastaron con la bandera española: después de defenderla paroxísticamente durante cuatro años de supuestos ataques y afrentas (sólo cuatro gatos se divierten faltando el respeto a la bandera), parecía que nos la habían secuestrado, convirtiéndola en un símbolo del PP, cuando es el símbolo de la nación española, de todos los españoles. Con la Constitución, el PP repite el truco y nos ofrece dos tazas del mismo caldo: ahora resulta que el PSOE, IU, CiU y el resto de las fuerzas políticas que apoyaron la Constitución en el 78, se han convertido en sus enemigos. Porque lo dice el PP.
Lo cierto es que fue el PP -entonces bajo las siglas de AP, pero con los mismos dirigentes y la misma política que ahora- quien no apoyó esta Constitución. No lo hizo porque Manuel Fraga -el único ponente constitucional que se abstuvo en la votación del dictamen- se oponía a su título octavo. Cuestionaban los conservadores ya entonces que en él se definiera a las comunidades históricas como nacionalidades. Ahora que ya somos todos hijos de alguna nacionalidad -Canarias no lo era hasta la reforma del Estatuto hace nueve años, y lo es ahora gracias a los votos del PP-, sería razonable que uno se sintiera feliz descubriendo la reciente vocación constitucional de las derechas.
Pero lo que el PP defiende no es esta Constitución, que tan eficazmente nos ha servido durante casi tres décadas. Lo que el PP defiende es la vieja política de "cuanto peor mejor", aunque al hacerlo asuma el riesgo de dividir y enfrentar a los demócratas. Ellos sabrán por qué lo hacen.

Y ahora el que faltaba

Ha llegado el que faltaba: José Manuel Soria, presidente del Partido Popular y del Cabildo de Gran Canaria, quien, después de regresar de Madrid, donde su organización convocó una manifestación contra la reforma del Estatut catalán y la ley de la gravedad, ha acusado ciceronianamente a Adán Martín de "frenar un convenio entre el Gobierno y Unelco que significaba más de mil millones de euros de inversión".
Se refiere el señor Soria (José Manuel) a un convenio suscrito entre la Consejería de Industria y Comercio, dirigida entonces por el señor Soria (Luis), y la compañía Unelco-Endesa, y firmado el 28 de junio de 2004 con una duración de cuatro años. El convenio se firmó al margen del Parlamento - un Parlamento en el que Coalición y PP se han negado durante una década a planificar y reglamentar la producción y transporte de la energía en la Comunidad autonómica, tal como exige la legislación vigente- y obligaba a Endesa-Unelco a un conjunto de compromisos que la compañía eléctrica se ha pasado por las gónadas. A saber: una inversión de 1.077 meuros para proyectos que ni siquiera se han presentado; una auditoria de los procesos de mantenimiento en las áreas de generación y transporte que no ha llegado ni salido de ningún despacho; un sistema de telecontrol de puntos estratégicos para facilitar la reposición del servicio en caso de averías que nadie ha podido ver; nuevas inversiones en módulos de generación de emergencia fácilmente transportables hasta ahora plenamente fantasmales. Como al parecer Luis Soria no se fiaba del todo de Endesa, encargó por su cuenta el 24 de octubre una auditoría a la compañía IDOM a un coste de 300.000 euros, cuyas conclusiones preliminares llegaron a la mesa de Marisa Tejedor cuando Tenerife estaba a oscuras.
Soria (José Manuel) pide ahora explicaciones. Obviamente considera que él debe darlas. Aunque a nadie asombra ya el método, no deja de ser irritante el zafio recurso de no admitir ninguna responsabilidad en los errores y negligencias del Gobierno del que formó parte el Partido Popular o al que apoyó parlamentariamente durante una década prodigiosa. Desde su salida del Ejecutivo regional el PP no ha presentado una sola pregunta, interpelación o moción sobre la situación de la planificación energética en el Archipiélago o el incumplimiento del convenio entre la Consejería de Industria y Endesa. Las inversiones previstas en el mismo -y destinadas fundamentalmente a sustituir y modernizar equipos e instalaciones- no se limitaban a Tenerife: también contemplaban a Gran Canaria, y el Cabildo Insular no ha abierto la boca en el último año y medio. Y sin embargo Soria (José Manuel) se ha lanzado al juego del rechazo de responsabilidades, las acusaciones y la distorsión informativas. No creo que quiera que hable Adán Martín. Quiere que salte José María Plans.

Ciudadanía Cero

Horas, muchas horas escuchando la radio en la madrugada oscura como boca de lobo, lobo desdentado de torretas, cientos de llamadas a las emisoras de radio, incesantes preguntas a Willy García o a Pepe Moreno. Aquí no hay luz. Aquí vino a las nueve y se fue a medianoche. Llevamos tres días sin luz y dos sin agua. ¿Y en la casa de Zerolo hay luz? He visto luz en la casa de Ana Oramas, bueno, no la he visto, pero me lo contó el amigo de un pariente de mi cuñado. Tengo tres niños y no puedo darles el biberón caliente. ¿Cuándo vuelve la luz en El Tablero? Se están olvidando de Arico. Esto es indignante. ¡Son todos unos golfos! ¿Hay clase mañana?. Escuché cientos de llamadas cruzando una noche interminable y ni una, ni una sola de las llamadas, era para ofrecer ayuda. Ni una sola llamada ofreciendo velas. Ni una sola llamada de un vecino ofreciendo su pequeña instalación de butano. Ni una persona indicando lo más modesto, lo más humilde, un establecimiento donde todavía se pudieran adquirir pilas, o advirtiendo, sencillamente, que tal cruce estaba particularmente a oscuras o que un grupo vociferante y patibulario, no sé, transitaba por tal calle amedrentando a los peatones incautos. Indignarse. Era la asignatura obligatoria de la madrugada. El individuo dimite de su responsabilidad en lo colectivo y lo colectivo la traspasa al Gobierno o, en el mejor de los casos, a la administración pública. Yo no debo hacer nada. Quedarme en casa y llamar a la radio para quejarme gemebunda o furiosamente. Pero que nadie me toque a la puerta a pedirme algo. Es lo que las autoridades han llamado "el civismo del pueblo tinerfeño".
Las autoridades. Profunda y metódica reflexión: Jooooder. Esto va para largo y la gente se está empezando a calentar. Tres días sin corriente eléctrica se olvidan antes de las elecciones, pero tres semanas, pues no. La vía está clara: leña a Unelco que es de goma y ahora no da corriente. Unelco es la bestia. Unelco es un mal teológico. Unelco como chivo explicatorio, como diría Les Luthiers. El Gobierno de Canarias tiene la potestad inspectora y sancionadora de la distribución de la energía eléctrica y CC lleva doce años ininterrumpidos en el poder, y hasta el nombramiento de Marisa Tejedor, siempre ha tratado a la Consejería de Industria como una portería por donde cualquiera puede colarse, pero leña a Unelco, que al mismo tiempo lo ha hecho muy bien y merece un expediente informativo.
Los manifestantes. Mil personas protestando contra el apagón eléctrico cuando ya está repuesto el 90% del servicio. Un grupito se desgaja y llega hasta el Auditorio y le grita hijos de puta a los vecinos que están entrando a un concierto. En Nueva York, con dos mil muertos en las Torres Gemelas, se enorgullecieron al abrir al cabo de una semana cines, teatros y restaurantes. Aquí no. Aquí al Auditorio, a cagarse en la madre del que entra al concierto, y luego de garimbas a La Noria.

Yo confieso

Hace un año que no entraba por la noche en el estudio de mi casa. El interruptor de la luz estaba roto y, cuando caía la noche, evitaba acercarme a esa zona oscura de mi vivienda, no tanto por miedo como para evitar golpes o accidentes involuntarios. Porque con el paso de los meses se había convertido en una especie de trastero, una zona sin control. Sobre la mesa de estudio, se amontonaban libros, cables de ordenador, discos, papeles y otros muchos objetos de difícil clasificación. Mi madre no paraba de recriminarme que arreglara la luz y yo me prometía a mí mismo cada fin de semana que iba a arreglar la luz, pero nunca encontraba las fuerzas suficientes para salir a la calle y comprar las piezas necesarias para hacerlo. Ella también prometía llamar a un electricista, pero supongo que tampoco encontraba las energías suficientes para buscar el número de teléfono del técnico y ponerse en contacto con él. El caso es que, por unas cosas o por otras, la habitación seguía sin luz y casi sin avisar, se iba transformando en un espacio oscuro, en un desván doméstico, en una jungla sin tambores ni tarzán, así que no tuve más remedio que sacar fuerzas de mis bolsillos y ponerme a reparar el interruptor. Para mi sorpresa y orgullo el proceso no consumió más de cinco minutos y tres euros. Pulsé varias veces para comprobar que la luz se encendía y apagaba y me fui a celebrarlo sin ser consciente de proceso que había puesto en marcha. Porque la clavija, no sólo interrumpía la energía eléctrica de la bombilla, sino que de alguna manera misteriosa también detenía otros procesos vitales más dañinos para mi cuerpo. Sin que yo lo sospechara, el pulsador detenía el virus de la gripe y al arreglarla, se introdujo en mi cuerpo como la electricidad en el filamento de una bombilla. Entonces me encendí con fiebre y tuve que meterme en la cama. Desde allí, escuché en la radio que se había formado una tormenta tropical cerca de mi casa y entre las pesadillas de la gripe tuve la intuición de que yo era el culpable de semejante fenómeno atmosférico. Mi afán de bricolaje me había postrado en cama y el pulsador maldito estaba desatando todos los procesos interrumpidos desde tiempos inmemoriales. Me levanté de la cama y me acerqué a oscuras a la habitación de estudio. Desde la ventana pude ver el viento arrancando árboles y tuve miedo de mí mismo. Cogí un martillo con la intención de destrozar esa clavija demoníaca y si no es por mi madre, que me detuvo en el último segundo, hoy sólo sería un amasijo de plástico y cables. Pero apareció ella, con una vela en la cara y me dijo que tenía una pesadilla, que se había ido la luz en todo el barrio y que la fiebre se me había subido a las pestañas. No tuve el valor de confesarle mi culpa, me encontraba mal y dejé que me diera un beso y me arropara en la cama. Desde hace unas horas miro como se consume la vela en la mesilla de noche y me pregunto que más procesos habré puesto en marcha con mi locura de bricolaje casero. Mi hija me ha preguntado cuándo voy a reparar el interruptor del pasillo, pero yo he tosido, simulando que me había atragantado con el humo de la vela y no he contestado. Podría confesarle ahora todas mis culpas, pero soy un cobarde que se escuda detrás de un edredón de plumas. El pasillo seguirá sin luz mientras yo viva, no quiero poner en marcha nuevos fenómenos vitales que no pueda controlar. Si lo arreglo, quizás caiga un nuevo diluvio universal o mi hija se quede embarazada o me salgan canas en los hombros. No podría soportar ningún nuevo esfuerzo, así que el pasillo seguirá a oscuras mientras este edredón me proteja del mundo.