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Nadir

Lluvia

Llueve tímidamente sobre Santa Cruz. Tan tímidamente que parece que la propia lluvia no se lo cree. No cree que haya llegado el otoño estirando las tardes como un bostezo agridulce y con la mano del frío acariciando las espaldas. Llueve sobre Santa Cruz: una de las ciudades que peor se conocen a sí mismas, una ciudad que parece construída anteayer sobre la espuma avara de un mar de olvidos. En La Habana, buscando un respiro en el calor asfixiante, te acercas a un bar de decoración colonial, te sientas bufando, pides un mojito y te resignas a escuchar a la pequeña orquesta interpretando Guantanamera. Y de repente, en una pared que luce un hermoso mosaico, justo mismo al lado de tu mesa, descubres el rostro de don Nicolás Estévanez, sí, don Nicolás, y una breve leyenda, en letra ligeramente gótica, te informa que en ese misma calle nuestro poeta fue testigo del asesinato de un grupo de patriotas cubanos, y lo denunció, y decidió abandonar el Ejército español, y escribió sobre la villanía, sobre la sangre derramada hace más de un siglo en esa esquina, en la que un manisero mulato ofrece ahora sus cucuruchos, y tú suspiras, suspiras por algo que te avergüenza un poco, algo que debe parecerse a lo que llaman orgullo patriótico, porque el humilde pero lindo mosaico honra la memoria de un canario valeroso y lúcido que se portó como una persona decente. Y te pones de buen humor, y pides otro mojito, y brindas, en regocijado silencio, por la memoria de don Nicolás y por la memoria histórica de los cubanos en una tarde que hierve de calor y humedad en el centro de La Habana.
En Santa Cruz no esperes encontrarte con la memoria. Los únicos espejos que refulgen son los de tres o cuatro tiendas en las principales calles comerciales que reflejan una avidez embobada. Aquí -es la consigna- no ha pasado nada jamás y todo lo bueno que está por llegar ya ha sido consignado en los presupuestos municipales o en las propuestas de la parapléjica oposición. Recuerdo pequeños retazos: una plaquita metálica, casi invisible, que señala el lugar en el que estuvo la casa del músico Teobaldo Power. Una ciudad que no sabe leerse a sí misma no es una ciudad, sino una simple concentración urbana. La lluvia moja púdicamente esta estepa semántica, pero estoy seguro que en la próxima primavera no crecerán los signos de nuestra memoria porque la hemos enterrado cuidadosamente entre todos y hace tiempo somos huérfanos de nosotros mismos. No sé, siquiera, por qué escribo esta columna desvaída. Debe ser por la lluvia que ahora mismo, a primera hora de la noche, ha decidido terminar esta minúscula exhibición de amistad y se retira sin avisar, como sin avisar vino hace unas horas. Porque la lluvia, siempre recuerdo los melancólicos versos de Borges, es una cosa que parece transcurrir en el pasado.

Polisemias y lipotimias

 los prosélitos de cierto PPartido (conocido internacionalmente como el Spanish People´s Party) les ha dado por hacer política lingüística en lugar de oposición parlamentaria y, a falta de argumentos contundentes, echan abajo cualquier propuesta de ley por un quítame allá esa etimología. Lo malo es que, a fuerza de buscarle el bichillo semántico a términos tan incólumes como "matrimonio", "estatuto" y "nación", y de llenarse la boca con recursos de inconstitucionalidad, están a punto de ahogarse en su propio vómito.
Tras prolijas y sesudas averiguaciones, han descubierto, por ejemplo, que "matrimonio" no viene de "mariconeo" sino de "madre" y, como madre no hay más que una (o dos, en el caso de las parejas sáficas), han dicho que no, que de bodas gays y adopciones contra natura, ni soñarlo. Y no es que tengan nada contra los bujarrones ni las bolleras, esto que quede muy claro, pero por favor que esos pervertidos dejen de jugar a las casitas, que una cosa es el sagrado vínculo y otra muy distinta el pasteleo y el desmadre, valga la redundancia.
También se han aplicado a un monográfico que podría titularse "La inanición de la noción de nación", donde le enmiendan la plana al diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (uy, ¿no será pecado decir una palabrota tan guarra como "lengua"?, porque se empieza diciendo "lengua" y se acaba cogiéndole el gustito al fornicio, o brindando con cava catalán, o cosas peores...), que en su acepción segunda define nación como "territorio de un país." Pero a lo mejor es que "nación" viene de "nacionalcatolicismo" (y ya ha dicho Rouco Varela que "España (Una, grande, libre) será cristiana, o dejará de existir como tal").
En fin, tan vasto es este campo de investigación, que incluso han tenido que delegar en su propia FAES. La cual, tras escudriñar la letra pequeña del Estatut, ha concluido que la regulación de "otras formas de convivencia" que recoge el artículo cuarentaytantos lleva a los catalanes derechitos de cabeza a la poligamia. Cuando no a la zoofilia (fruto de la convivencia con animales de compañía: perros, gatos, tortugas, hámsters y demás fauna), o incluso a la ganadería porque, puestos a convivir, ¿por qué no practicar la convivencia con el ganado vacuno o porcino, ahora que la gripe aviar nos priva del cariño de las aves domésticas?
Lo que no asumen en el Partido Popular, cuando alegan que no se puede modificar la realidad "utilizando el sencillo fraude de cambiar el nombre acuñado de las cosas", es su propia contradicción que consiste en autodenominarse "populares". Ocurrencia cuando menos extravagante, pues popular viene de "pueblo", es "propio de las clases sociales menos favorecidas" (DRAE), y los partidos que defienden los intereses del pueblo nunca han sido precisamente de derechas de toda la vida.
Está claro que la aplicación de cualquier ley progresista puede producir, en sujetos particularmente biliosos y carcundas, una larga lista de efectos secundarios que van desde el tracoma hasta la diarrea mental, pasando por la amnesia profunda: han olvidado ya con qué cinismo alteraron ellos la realidad y el nombre de las cosas cuando la invasión de Irak y el 14-M.

Sombreros

Tengo la seguridad de que mis sombreros me hablan. Podría ser mi conciencia, pero casi estoy seguro de que no es ella por varias razones.
La primera porque lo que escucho no son las típicas preocupaciones de ese yo interior que es un poco neurótico, sino más bien chismorreos sobre otros sombreros o personas que los llevan. La segunda razón, y quizás la más clara, es que cuando lo guardo en el armario dejo de oír esa voz que penetra a través de mi cuero cabelludo.
Tengo la extraña sensación de llevar puestos unos walkman y no una gorra de lana. Lo malo es que mis sombreros no tienen control de volumen, así que no encuentro manera de que se calle, salvo que lleve la cabeza descubierta claro. Resulta difícil de explicar que todos mis gorros tengan su propia personalidad y que les guste hablarme a las orejas. Lo cierto es que resulta entretenido, puedes pasear por la ciudad manteniendo una conversación con tu propia cabeza. Pero es un poco raro hablar solo, así que tengo que sacar el móvil para que parezca que estoy charlando con alguien.
Lo peor es que cuando utilizo de verdad el teléfono, tengo miedo de que la persona, al otro lado de la línea, escuche la voz de mi sombrero. Así que me lo tengo que quitar, pero es un lío porque sólo tengo una mano libre y a veces se me cae uno de los dos y parezco más tonto que listo. Pero ahora ya no me divierte, sino que tengo un poco de angustia. Guardo todos los gorros juntos en el armario y me pregunto si en mi ausencia seguirán hablando entre ellos y si quizás estarán planeando alguna travesura.
El otro día por ejemplo llevaba puesto una gorra de marinero y noté como le silbaba a una chica que pasaba por mi lado. Me hubiese gustado que me tragara la tierra y casi lo hizo, porque me puse tan nervioso que me tropecé con un bordillo. El gorro no paraba de reírse y de decir que cuando se lo contara a los otros se lo iban a pasar en grande. Tuve miedo, lo confieso y desde entonces salgo a pasear a pelo descubierto. Durante unos días no escuché voces. Fue un alivio pero entonces se me ocurrió que quizás las demás personas estaban también recibiendo mensajes de sus sombreros. Por eso, detuve a un señor mayor que llevaba una boina y le pregunté si escuchaba palabras en su cabeza.
El señor me miró de arriba abajo y me preguntó si estaba bebido. Le juré que no, y le pedí por favor que me prestara su boina unos segundos para hacer una prueba de sonido. El hombre debió pensar que estaba loco, pero me la dejó y yo me la calé con fuerza hasta las orejas y respiré hondo. Para mi sorpresa la boina me dijo que el hombre no la escuchaba porque estaba sordo y que por eso se alegraba de estar ahora en mi cabeza.
Me la arranqué de un tirón y se la devolví al hombre que dudó un instante antes de tomarla de mi mano. No dijo nada, pero sé que se marcho pensando que se había tropezado con un demente. Lo malo es que cada día que pasa estoy mas cuerdo y empiezo a ver el peligro que nos acecha en las cabezas. Me he dado cuenta que mucha gente, de la que parece que está hablando con el móvil, en realidad está charlando con su sombrero y que en los armarios se está cuajando una revolución silenciosa.
La gente cree que el peligro está en los robots, que cada día son más inteligentes, pero no se da cuenta que el peligro habita en sus propias cabezas.
Los sombreros están emergiendo como una nueva especie, absorbiendo nuestra capacidad de pensar y de criticar a los demás.
Estamos perdidos.

El fantabuloso CheChé

Es ya una de las figuras históricas del sur político: inimitable, admirable o abominable, según quien le describa. Desde la izquierda cuasitestimonial hasta su instalación en un gobierno municipal sostenido por fuerzas (digamos) escasamente progresistas, profundamente intrincadas con los poderes empresariales de la construcción, el turismo y el comercio, Juan José Alayón, Cheché como es conocido universalmente, sigue definiéndose, estrambótico y feroz, como comunista.

Si el Ayuntamiento de Arona fuera un circo, Juan José Alayón (Cheché para amigos, enemigos y hasta indiferentes) sería su clown. Si el Ayuntamiento de Arona fuera un incendio cotidiano Juan José Alayón sería una caja de cerillas. Si el Ayuntamiento de Arona -por último- fuera un espectáculo de cabaret Juan José Alayón sería su principal y más parrandero cliente. Pero como el Ayuntamiento de Arona solo es una de las corporaciones locales tinerfeñas que peor funcionan, un consistorio caracterizado por la inestabilidad política y las sarracenas querellas partidistas, un cúmulo de fulanismos desatados, una permanente nube tóxica de sospechas de corrupción, Juan José Alayón, Cheché, es, simplemente, el concejal de Aguas, Parques y Jardines desde 2003. Aunque antes ha sido muchas otras cosas en un Ayuntamiento que conoce tanto como el sofá de su casa o La Internacional.

Juan José Alayón nació en los años cincuenta en el seno de una familia dedicada a los negocios. Su padre poseía y regentaba -trabajando siete días a la semana- una tienda de ropa en el entonces pequeño y humilde casco de Arona. Los Alayón disfrutaban de una situación económica desahogada, pero no se les podía calificar de ricos. Eran una familia singularmente unida que compartían principios de honradez, rigor y laboriosidad. El padre de Alayón, un hombre muy respetado por vecinos y clientes, había sido comunista de joven, y en la intimidad de la familia y de los amigos más allegados seguía definiéndose como tal. El pequeño Juan José comenzó a provocar dolores de cabeza muy pronto. Desde niño era revoltoso, indisciplinado y faltón. Todavía muchos recuerdan al padre arrastrando a Cheché por la calle, y pegándole de vez en cuando algún cogotazo por el camino, para castigarlo por una travesura.El ingobernable Cheché no pudo terminar estudios universitarios, pero sí se interesó vivamente por la política, e ingresó en el PCE, organización donde jamás tuvo un papel particularmente relevante, aunque trabó grandes amistades, como la que aún mantiene con Wladimiro Rodríguez Brito. En el sur de Tenerife el PCE jamás tuvo una fuerza local apreciable, excepto, muy matizadamente, en Arona, donde Alayón se presentó al Ayuntamiento en 1987, y sorprendentemente, consiguió el acta de concejal. "No descansaré", proclamó entonces, "hasta que todos los niños de Arona lleven zapatos". Casi veinte años después, en efecto, es muy difícil encontrar a un niño en Arona sin zapatos, pero resulta difícil atribuir semejante logro social al inextinguible compromiso progresista de Juan José Alayón.

La mayoría del PCE (cuadros y militantes) siguió a José Carlos Mauricio, Fernando González, Antonio González Viéitez y Wladimiro Rodríguez a Iniciativa Canaria, y así lo hizo, igualmente, Alayón y su grupúsculo aronero. Ican terminaría integrándose en Coalición Canaria, teniendo a los de ATI como nuevos camaradas, pero en Arona ATI no existía. En Arona funcionaba una plataforma político-electoral, el MEI, que controlaba otro eximio superviviente, Sebastián Martín. La plataforma yugulaba la implantación de ATI en el municipio, y siguió haciéndolo hasta que se llegó a un acuerdo entre ambas fuerzas políticas. Sebastián Martín es uno de los alcaldes en la sombra que ha manejado el Ayuntamiento de Arona con mano firme y sigilosa en los últimos quince años. Fue Sebastián Martín, en la actualidad concejal de Hacienda, el que puso a Miguel Delgado como alcalde y el que, con la venia de Paulino Rivero, lo defenestró como candidato. El otro alcalde de facto es, obviamente, Manuel Barrios, antiguo cabeza de lista del PSC-PSOE, alcalde electo durante tres mandatos, que abandonó el partido y se montó su propio chiringuito, el Centro de Arona, nombre inmejorable para un sujeto que ha sido el centro de la movida político-empresarial del municipio durante lustros. Cheché llegó al gobierno municipal en 1993, gracias a un pacto entre la ATI anidada en el MEI, Iniciativa Canaria y el Partido Popular. Tal vez la ocasión histórica se le subió a la cabeza y eso explique algunos follones, como los altercados que tuvo con la policía local cuando le multaban por aparcamiento incorrecto. "¡Mi coche es un vehículo oficial", le gritó a los agentes, "y puedo aparcar donde me dé la gana!". En sus primeros años Cheché actuó como uno de los principales arietes de Sebastián Martín contra el por entonces socialista Barrios, al que habían mandado a la oposición. Se cruzaron acusaciones brutales y denuncias judiciales entre ambos mandos, bajo la perpleja mirada de Miguel Delgado, que no tuvieron mayor repercusión política. Entre las responsabilidades de Alayón estuvo la política turística del municipio, que ni crujió ni mugió por su gestión. Nunca se llevó particularmente bien con Delgado, de la misma manera que jamás vio con buenos ojos a José Alberto González Reverón, un empleado de banca, concejal de Servicios Sociales y Participación Ciudadana al que apoyaron Martín y Rivero para las elecciones de 2003. González Reverón era el concejal con mejor imagen: su heroica abstención en la votación de la prórroga del servicio municipal de aguas a Canaragua, en contra de la posición oficial de CC, le revistió de un manto de dignidad y coherencia. Celebradas las elecciones, Coalición y el PSC abrieron negociaciones, que por un momento amenazaron con eternizarse, por la testaruda insistencia socialista en asumir la Alcaldía. Cheché actuó encantado como agente doble: negociaba con los socialistas liderados por Paco Santamaría y les comentaba que estaba harto de Coalición, y acto seguido, corría a contarle los detalles a Sebastián Martín, que se retorcía de risa, porque Alayón no solo tiene un talento chismográfico excepcional, sino que es a veces, en su estilo espontáneo y zafio, bastante gracioso. Lo suficientemente zafio y espontáneo para lanzar gritos pidiendo una silla en su despacho, amenazar encolerizado a cualquiera o confesar contrito a los periodistas que uno de sus testículos está adquiriendo un tamaño preocupante. Finalmente Barrios ganó la partida al PSOE y se constituyó un gobierno municipal presidido por González Reverón, con los barristas controlando áreas como Urbanismo, Transportes, Medio Ambiente y Deportes, y el particularísimo Partido Popular que Félix Sierra lleva en el bolsillo como invitado capitidisminuido al festín.

La estrella política de Cheché en Arona parece algo declinante, pero más vale no hacer apuestas. Sigue siendo un fosforito, y tanto Martín como Barrios lo encienden a veces y lo arrojan a alguien molesto, sin excluir a González Reverón. No ha cambiado apreciablemente con los años. Se sigue definiendo como comunista por una suerte de sentimentalismo ideológico, visita Cuba con frecuencia, y todos los años, sin falta, envía quesos tinerfeños a Fidel Castro y a su hermano Raúl, con los que ha compartido mesa, mantel y madrugadas. Las autoridades cubanas lo tratan con generosidad y gentileza y lo consideran un compañero. En Arona no ha cambiado de costumbres públicas ni metodologías políticas. Gestiona los Almacenes Joseíto, es amigo fraternal de algunos empresarios de nacionalidad extranjera -el internacionalismo proletario debe haber evolucionado mucho- y se desvive por encontrarles algo a los vecinos que le visitan para pedirles trabajo. Si quieren saber algo de la dinámica erótico-festiva de la política local pueden dirigirse a él: no se le escapa nada.

Síndrome del agazapado

En las trincheras de la guerra no hay tiempo para pensar, solo para sobrevivir. En cuanto emerge una cabeza para otear el horizonte, establecer una táctica o buscar la salida, una bala puede convertirla en puré de carne. En este otoño nacional y estatutario que estamos viviendo en España, me ha entrado el síndrome del soldado agazapado. Vivo bajo la sensación de no poder asomar la nariz para respirar por encima del smog bullanguero que se desprende de los medios de comunicación y a todos nos contamina. Por una parte, salgo a la calle y observo la normal anormalidad o la anormalidad normal de siempre. Por otra, al contrario y ya en mi casa, leo, escucho o veo las noticias -sobre todo, las opiniones sobre la actualidad- y me entra la carcoma de la duda. ¿El país real es el del exterior o el configurado por el eco informativo que llega a mi refugio doméstico? Por más que agudizo las neuronas, en la superficie social veo, dicho sea telegráficamente y a salto de mata, atascos, compras, hipotecas, tarjetas de crédito, restaurantes, bares y guachinches, fiestas, viajes, escuelas, hospitales, juzgados y prisa, mucha prisa por llegar cada uno sabrá adónde. Incluso puede uno percibir, que no vivir, el paro, la marginación, las llagas de la droga y de la cárcel, los centros de menores rehabilitados, especialidad canaria, por monitores con antecedentes penales, o sea, el subterráneo cada vez más visible de nuestro sistema socioeconómico. Es un teatro del mundo que, con los mutatis mutandis apropiados y proporcionales, no se diferencia del resto de los escenarios de nuestro entorno. Sin llevar en la cabeza los datos micro y macroeconómicos, cualquier ciudadano enterado sabe que tenemos un buen nivel de vida, incluso que nuestro crecimiento es envidiado por media Europa, que España tiene una musculatura y un tono vital que para sí querrían, por ejemplo, los franceses, deprimidos ahora cuando se miran en los espejos del presente y del futuro. ¿Y los problemas? Los hay, por supuesto, como en todos lados, porque el Paraíso Terrenal hace mucho que también fue urbanizado y convertido en coquetos adosados. Entre ellos, el de los jóvenes, los llamados mileuristas, la generación mejor preparada de la historia de España cuyo techo salarial está en los mil euros. Cierto, doloroso y frustrante, pero siguen teniendo la espita salvadora de vivir con sus padres hasta, más o menos, los 35 años, es decir, en el seno de una familia que equilibra -dicho sea termodinámicamente- la energía que falta. Si no fuera así, habitarían en la incomodidad de la calle. ¿Y los ancianos? Sin duda, un segmento de la población con múltiples carencias asistenciales, pero todos, al menos, con una pensión, alta, baja o regular, pero con derecho a percibirla. También aquí la familia actúa como sacrificado mecanismo compensatorio de lo que el Estado no proporciona. ¿Y la educación? Con rumbo muy incierto, con mucha inversión de dinero público, con escaso prestigio, pero obligatoria y, hasta cierto punto, remendadora de tantos rotos sociales. ¿La sanidad? De las mejores de Europa, todos los que viven en España tienen derecho a ella y, de momento, aguanta las embestidas de la empresa privada. Realizado mi particular travelling callejero, observo un país tranquilo, a unos ciudadanos que, a pesar de algunos pesares, tienen los problemas esenciales resueltos y que, quizá por ello mismo, están alejados de la cosa política, se muestran muy desconfiados, cuando no pasotas y hasta despreciativos con los políticos. Hasta aquí, el panorama es similar al que puede contemplarse en cuanto traspasamos nuestras fronteras europeas. Eso y la normal discusión ideológica, la crítica de la oposición sobre la labor gubernamental.
Lo chocante en España, lo que empieza a preocupar de verdad, es que sobre este territorio de normalidad civil no se censure lo censurable de quienes gobiernan en la actualidad -bastante, por cierto-, sino que resuenen tambores de odio, de insultos, de inquina, y aparezcan señales de incienso. "España vive momentos cruciales y está necesitada de una gran oración", acaba de proclamar Rouco Varela. Supongo que el cardenal se refiere a rezarle a Dios o a la Virgen o a los santos y no a un desmedido discurso. No lo tengo muy claro porque la cadena de radio que pagamos todos los españoles y que es propiedad de la Conferencia Episcopal lleva unos cuantos meses desatada. En este sentido, no conozco ningún país europeo en el que con el dinero público se alimente por unos micrófonos el odio civil, los insultos, el chirrido calumnioso que emana -amparado, eso sí, en la sacrosanta libertad de expresión de ciertos programas como, por ejemplo, el dirigido por Jiménez Losantos. Aun en la hipótesis de que sea injusta, frente a una crítica como esta, realizada por el ministro Montilla, he aquí su respuesta: "Cuando tú, Montilla, del partido de Filesa, del partido del GAL, cuando tú amenazas a los medios de comunicación no afines ¿qué debemos entender, Montilla?, ¿qué vas a fundar, otra vez, el GAL?, ¿para qué?, ¿para atacar a los periodistas desafectos?". La única esperanza que debe mantenernos es que, de momento, nuestra sociedad civil no tiene nada que ver con estos salvapatrias que, de consuno con la iglesia y la derecha más rancias, no creen en la democracia.

Cerebros menores

El diputado José Manuel Soria quería preguntar al presidente del Gobierno de Canarias, Adán Martín, sobre el proyecto de reforma del Estatuto de Cataluña con el que Rodríguez Zapatero pretende alevosamente dinamitar España por pura maldad rogelia. Es una lástima que Martín sea tan poco dado al sarcasmo oratorio y tenga alma de infolio. Porque el presidente podría haber tomado la palabra, suspirar ligeramente y replicarle algo así:
-Me encantaría poder debatir con su señoría sobre el proyecto de estatuto catalán, pero verá, estoy muy ocupado en otras cosas. Por ejemplo, con los 17 trabajadores en los centros de menores que hoy hemos suspendido de empleo y sueldo porque tenían antecedentes policiales y penales sin que Águeda Montelongo pestañease al respecto.
La Fiscalía de Menores solicitó tres veces a la consejera de Empleo y Asuntos Sociales, Águeda Montelongo, el listado de los trabajadores contratados por la empresa adjudicataria del servicio de vigilancia y seguridad de los centros de menores. La señora Montelongo, bien porque en el momento de recibir la providencia judicial estaba en clase de aeróbic, bien por motivos extragimnásticos, no respondió nunca al requerimiento fiscal. La consejera fue destituida y se olvidó del asunto, aunque no, curiosamente, de un ordenador portátil. Cuando finalmente el director general de Protección del Menor, José Luis Arregui, siguiendo órdenes de Marisa Zamora, contestó a la Fiscalía, el órgano judicial le informó, pocas semanas más tarde, que 17 de los trabajadores tenían antecedentes por robo con violencia, tráfico de drogas y/o delitos de lesiones en casos de violencia doméstica, lo que, sin duda, define el currículum más idóneo para trabajar en los centros con medio gramo (o gramo y medio) de eficacia.
Después de su admirable trabajo en Empleo y Asuntos Sociales, Águeda Montelongo imploró al señor Soria que evitase su regreso a las aulas. Saltar el potro, al menos en horas de clase, es muy cansado. Soria fue magnánimo: despidió a dos empleadas del grupo parlamentario del PP e impuso a los diputados conservadores una derrama mensual para pagarle un sueldo suficiente (medio kilo al menos) a la joven y pizpireta ex consejera, a la que se nombró algo así como coordinadora parlamentaria. En la tarde de ayer alguien le sopló a Montelongo que Arregui estaba a punto de comparecer ante la prensa y salió por patas del Parlamento. Y es que doña Águeda también practica el atletismo.
No sé cuánto tardará el Gobierno autonómico en proceder legalmente contra la Fundación IDEO, obviamente compinchada con los antiguos directores de los centros. De lo que estoy seguro es que ni la dirección del PP, ni la señora Montelongo, asumirán ninguna responsabilidad política, ni antes ni después de la ruptura de España Una, Grande y Libre.

Con la basura al cuello

Tengo más o menos claro que el Ayuntamiento de Arona ha devenido una versión hipersureña de Falcon Crest, pero me queda la duda sobre si Manuel Barrios encarna a Angela Channing o se ha reservado en papel de su criado chino y secreto dueño de las vidas y haciendas de la finca, el enigmático e impenetrable Chu-Li. La política sureña es un mosaico de escándalos, trapisondas e irregularidades que un puñado de escayolistas de la política municipal ha hecho y deshecho a su antojo a lo largo de veinte años de infarto silente de la gestión democrática. Hace medio mandato apareció por la finca un individuo, Alberto González Reverón, con la peregrina idea de que podía adecentar, al menos, las paredes de la putrefacta casa solariega contando con el concurso del viejo y buhonero equipo de escayolistas. Por el camino que va el alcalde subsidiario tendrá mucha suerte si no termina estampado en la pared mientras Manuel Barrios lo fija con engrudo por salva sea la parte.
El debate sobre la renovación del servicio de recogidas de basuras a una empresa que ha transformado algunas zonas y rincones de Arona en un coqueto vertedero de quita y pon tiene un irresistible valor metafórico. Ya resulta singularmente llamativo que, después de 25 años, y pese a las críticas y reservas expuestas repetidamente por el propio alcalde, la muy poderosa barriada -las fuerzas públicas y privadas de Barrios- insistan en no organizar y publicar un nuevo concurso, y al contrario, trabajen por tierra, mar y aire para que se produzca una sencilla y feliz renovación del contrato. Pero revisar el recorrido administrativo de informes, expedientes y valoraciones de la empresa de basura que desatiende a los vecinos de Arona es una experiencia muy similar a leer una novela de terror. Asombra la actividad incesante que existe en las alcantarillas de la administración municipal para no desamparar a la clientela empresarial. Te deja estupefacto el cúmulo de despropósitos y manejos torticeros que acaban convirtiendo en detritus insignificante las cautelas legales y los preceptos administrativos. Te arrastra a la náusea la evidente percepción de que un grupo de politicuchos que escribirían escrúpulos con hache -por ignorancia enciclopédica y degradación moral- se creen los impunes usufructuarios del vertedero. Porque han reducido un Ayuntamiento a un montón de basura política y campán sobre la basura como territorio inclaudicable y solo suyo, y cuentan con las espaldas bien cubiertas de más basura protectora, basura que tutelan desde despachos con cédula de propiedad. Quieren la basura, toda la basura, hasta el último gramo de la basura democrática que generan, y ya están tan identificados con ella, que es muy difícil distinguirlos entre los más vomitivos desperdicios.

Otra tonteria

Acababan de verse en Moncloa Zapatero y Carod Rovira para negociar el demonizado Estatuto de Cataluña cuando desde el irritado escenario político alguien proclamó: "Se reunieron los protagonistas de este nuevo modelo para España, en el que se quiere que España deje de ser una nación para que pase a serlo Cataluña". Se trata, evidentemente, de una falsedad. Algunas veces la mentira y la idiotez son primas hermanas; otras, compañeras de viaje. Pero hay ocasiones en que si la tontería es muy obvia y algo obscena, la mentira se distancia porque no le es útil la cercanía. Dejo al lector que decida en cual de los tres supuestos podríamos encontrarnos en este caso. Pero, puesto que quien lo dijo se dirigía a todos nosotros, a las puertas de la campaña anti Estatuto que ha emprendido el PP, corresponde a cada cual valorar en qué medida se siente tomado por un memo. Comprendo, no obstante, que se llegue a temer que simplonerías de este tipo vayan a inspirar las misiones que para obtener su gloria, paseando entre cirios a la España que se rompe, acaba de emprender el PP con la colaboración de penitentes de otras cofradías. Es de esperar que las piezas de la oratoria de los elocuentes predicadores de esta cuaresma nacional tengan más atinados argumentos. La teología de la Patria puede admitir distintas lecturas y una liturgia tenebrosa que nos aterre con un fuego de un infierno donde Carod Rovira nos trinche por la espalda, pero no creo que el cardenal Rajoy renuncie a la solemnidad de su verbo para hacer suyas las simplonerías del sermón de un lego. Y es que el hermano Acebes, autor de la ocurrencia en cuestión, con la tonta idea de que a la Virgen de España le van a quitar la corona para coronar a Nuestra Señora de Cataluña, mezcló esta vez la falsedad con el ridículo.

Abrelatas

Todos nacemos con una fecha de caducidad tatuada en el antebrazo, invisible, como los nuevos sellos que ponen en las puertas de discotecas, donde un tipo vestido de negro te estampa algo que no ves pero que se ha colado en tu epidermis. La única diferencia es que la Muerte te pone su matasellos nada más nacer, antes incluso de que una enfermera te haga llorar por primera vez. Se supone que no hay nadie que pueda vivir más allá de esa fecha, pero un amigo lleva años esquivando su muerte, desde aquel día que perdió el brazo cuando un coche tuneado con luces y sonidos de extraterrestres le atropelló en un paso de peatones. Aunque mi amigo es una excepción: lo normal es conseguir un salvoconducto firmado por la propia Muerte que te permite agonizar durante años con la única condición de que le facilites el trabajo y le consigas unos cuantos fallecidos cuando aún no tocaba. Y claro, la gente se queja, y con razón: le enseñan desesperados a su ejecutor el antebrazo, intentando demostrarle que aún no les toca morir. Pero no sirve de nada, desde un F-18, a miles de metros de altura, cuesta ver el brazo tatuado de un niño jugando en medio del desierto.
El resto de mortales tenemos la suerte de morirnos cuando nos toca. Aunque se ve que algunos no conciben la idea de morirse tan pronto y optan por meterse en una lata de conservas para engañar a la Muerte, jugando a ser eternos y pasar a la historia como senadores o presidentes vitalicios, aunque al final sólo consigan convertirse en unos simples berberechos. Lo que no saben estos seres conservados -o conservadores- es que la Muerte no es tan tonta, y que tarde o temprano ella dará contigo -por mucho pacto que algunos tengan con Dios- y sustituirá su guadaña por un simple abrelatas.
Yo prefiero recordar el consejo de mi madre cuando fui por primera vez a un supermercado: "No te fíes de nada que no tenga fecha de caducidad", decía ella mientras me señalaba con el dedo una lata de berberechos. Ahora, cuando busco la fecha de caducidad, me encuentro con latas que caducan dentro de varias décadas. La verdad, es bastante frustrante saber que tú vas a morir y que unos berberechos con aires de grandeza te van a sobrevivir. Y claro, el orgullo de ser mortal tiene que salir por algún lado: ayer me detuvieron por tercera vez, con un abrelatas en la mano, en la sección de conservas de un hipermercado.

Sexo Sextante

En el año 81 del siglo XX, un japonés llamado Issei Sagawa asesinó en París a una joven holandesa, la troceó y se comió parte de sus caderas, sus glúteos, sus pechos, sus muslos y sus labios. "Cuando uno se enamora de una mujer, lo normal es que quiera besarla. Besarla o comerla, para mí es lo mismo", dijo. El tipo se hizo tan famoso que hasta los Rolling Stones lo nombraban en su canción Too much blood.
Es un ejemplo extremo, pero no el único, de la predisposición que existe a despedazar el cuerpo femenino, a fragmentarlo, ya sea sexualmente o comercialmente. Las mujeres a menudo se quejan de que sus amantes (o a-mantas, según lo negaditos que éstos sean) tienden a focalizarse únicamente en ciertas zonas llamadas erógenas (tetas, culo y aledaños), olvidados de que también tienen a su disposición el resto de la anatomía. Es posible que los hombres sean como los misiles aire-aire, que van buscando el calor con sus sensores de infrarrojos. Lo extraño del caso es que las mujeres protestan porque los hombres no saben tratarlas como lo que son, entidades de cuerpo entero; pero luego esas mismas mujeres se someten servicialmente a la dictablanda (o dura) de la publicidad, de la industria cosmética, de la corsetería, de la cirugía estética, que basan su eficacia en la manipulación de la materia femenina previamente desmenuzada, y auguran la inalcanzable perfección descomponiendo en partes el todo, para luego recomponer el rompecabezas, presuntamente mejorado.
Existen aliños y badulaques para abrillantar el pelo, desenredar las puntas, vigorizar el cuero cabelludo, espesar las pestañas, disciplinar las cejas, nutrir la piel, colorear las mejillas, disimular las ojeras, camuflar las arrugas, iluminar la tez, dar volumen a los labios, eliminar los brillos de la nariz y la barbilla, alisar el cuello, tonificar el escote, tensar los senos, reafirmar el vientre, reducir las caderas, respingar las nalgas, afinar los muslos, depilar el vello, suavizar las manos, eliminar las cutículas, fortalecer las uñas, pulir los talones. La munición es cada vez más específica: hay, por ejemplo, cremas anticelulíticas no intercambiables, para la barriga unas, otras para las cachas, y ojo con equivocarse. Mención aparte merecen los arreos pertenecientes a la división de lencería: sujetadores con y sin aros que juran y prometen aumentar una talla, o reducirla, fajas de tortura que desvanecen de un estrechonazo los michelines, pantis reductores, braguitas que separan y realzan los glúteos, enaguas que desmienten, ligueros que titilan, picardías que enardecen... Es como lo de ir a misa o creer en Dios: una cuestión de fe y de oportunismo. Porque a lo mejor Dios no existe, y a lo peor la publicidad es un bulo, pero por si acaso...
Las mujeres occidentales se declaran liberadas porque no llevan chador, porque practican el top-less, por la paridad electoral, por la ley del divorcio y del aborto. Pero se han sacudido el vasallaje genérico para dejarse chantajear por la factoría del tongo. Pensándolo bien, una vez que se han dejado despiezar como reses, no es de extrañar que las lleven tanto al matadero.

Risas

Dicen que la risa es buena para la salud, que se mueven cuarenta músculos, que ayuda a mantenerse joven. Vamos que con cada carcajada ganas por lo menos diez minutos de vida, los mismos que pierdes cuando fumas o te enfadas. Parece ser que la risa es de las pocas cosas que no tiene contraindicaciones, en principio todo son ventajas. Por eso morirse de risa no está mal visto, mientras que morirse de asco o aburrimiento es una manera muy desprestigiada de abandonar este mundo. El sentido del humor tiene un origen extraño y se sospecha que sólo los seres humanos disponen de él. En el origen, la tierra estaba poblada por bichos trabajadores y serios que cuidaban el entorno y que se comían unos a otros construyendo una cadena ecológica ordenada, responsable y al parecer algo aburrida. Pero de repente por azares de la genética llegó un animal que encontraba graciosas las cosas y que encima ganaba vida cada vez que sonreía. Así que los hombres empezaron a reírse y a poblar la tierra y el resto de los animales asustados por ese ruido extraño empezaron a extinguirse. Al principio las risas se generaban de manera espontánea, igual que la comida. Las tribus nómadas cogían las frutas de los árboles y las risas de donde podían, así que la vida prehistórica era dura, moviéndose de un sitio a otro sin saber dónde iban a encontrar la siguiente manzana o la próxima carcajada. Pero llegó la agricultura y el hombre se hizo sedentario. Al fin podía cultivar su propia comida y por lo tanto también podía hacer lo mismo con las risas. Por eso no es casualidad que casi a la misma vez que se inventa el arado apareciera también el primer teatro. De esa manera, el ciudadano antiguo tenía a su disposición un cultivo de alimentos y risas que le permitían vivir más y mejor. Con esas nuevas herramientas en su macuto el hombre se embarcó en la historia y poco a poco, dando algunos traspiés, llegó a inventar las bebidas refrescantes de cola y el cine mudo. La chispa de la vida quedó embotellada para siempre mientras las risas se enlataban en rollos de celuloide que se distribuían por el mundo junto con palomitas y música de piano. Pero los pioneros del cine no lo tuvieron fácil, porque hacer reír es una ciencia extraña que no se deja enlatar tan fácilmente. El cine mudo sirvió de campo de pruebas y permitió entender que la risa es un mecanismo extraño que tiene sus propias leyes. Las patadas, los accidentes, las caídas, las persecuciones se sucedían sin descanso en las miles de películas que se rodaban en las primeras épocas del cine y en base a ellas los directivos medían las risas que el público soltaba en la sala. Un día, alguien se dio cuenta de que las tartas hacían gracia, bueno, no los pasteles de nata en sí mismos, sino el hecho de tirárselos a alguien a la cara. El caso es que se empezó a entender la risa y de alguna manera también su opuesto, el drama. Porque la vida es algo serio o al menos eso dicen, así que los directivos estaban también muy preocupados de que la risa no molestara a nadie. Estaba prohibido que una chica bonita, la protagonista de la película recibiera una tarta en la cara. También estaba censurado que un cómico vagabundo nos diera su versión de los tiempos modernos o de los dictadores de la época. Así que el mundo es extraño, reímos para vivir más, pero tenemos nuestras reglas con la risa y lo mismo nos ocurre con el odio. Quizás por eso ciertas fotos de guerra se convierten en tartas que nadie quiere ver porque no producen risa. Quizás esas cosas son las que nos hacen vivir menos, las que nos envejecen o simplemente las que nos envilecen.

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Poquita nación

España es una patria difusa con una sola bandera, un himno sin letra que interpretar y un ejército al que ya no hace falta pertenecer que desfila una vez al año y sin necesidad de que la mayoría de los ciudadanos se sientan representados en sus pintureros uniformes de gala. Sólo se ve España en sus fronteras cuando las asaltan los hambrientos y no está, pelmaza, en las escuelas ni en las coplas. A esto no se ha llegado por desdén sino por empeño: a costa de ser excluyente se perdió mucha españolidad muerta en el extranjero y no se dejó de oír a los nietos de algunos hablar de "nuestra España" con toda propiedad. Es "nuestra", de ellos. La España de verdad se nota más en los paradores nacionales, en las procesiones de Pasión, en las disparatadas jornadas de trabajo, en el desempleo, en la estridente suma de todos nuestros ruidos y nuestras voces, en los programas cotillas y en las teleseries costumbristas y en la alegría con la que acudimos al hiper siendo una población hipotecada a 30 años. Esa pátina de polvo es transversal, cubre España de parte a parte, en varias lenguas y dialectos, por encima de los esfuerzos y de los trajes de los consejeros y demás administradores de proximidad.
Esto va en ánimos. Otros prefieren más país y más nación, una bandera de soldados que les defiendan del invasor y un obispazo que les hable en lengua vernácula. Cuando dicen nación dicen poder, cuando dicen estatuto dicen dinero y cuando dicen historia dicen voluntad. Vale.

Polillas

Tengo una amiga que cría polillas en un armario. Las alimenta con trajes de segunda mano aunque los domingos les da servilletas blancas de lino. Al parecer son su plato favorito, junto con los trajes de novia y las bufandas antiguas. Me cuenta que de vez en cuando cierra todas las ventanas de su casa y abre las del armario para permitir que las polillas salgan de su encierro y hagan un poco de ejercicio con las alas. Dice que en ese momento ella se sienta un sillón y disfruta observando a sus animales volar a sus anchas por el espacio. Al parecer se acercan a la luz, como atraídas por un imán gigante y de vez en cuando alguna se achicharra contra la superficie caliente de la bombilla. Mi amiga entonces la recoge con cuidado y la entierra en una maceta donde pone una cruz con palillos. Cuando me enseñó su extraño cementerio doméstico no pude evitar el sobrecogerme, ante aquella reproducción en miniatura de un camposanto. Siempre que voy a su casa le llevo alguna prenda de ropa que ya no me pongo, como regalo para sus polillas. Entonces ella me enseña el armario y me pregunta si las quiero ver alimentarse. Yo sonrío y le digo que no, que me da miedo, lo cual es verdad porque no me apetece nada ver como una tribu de polillas domésticas devoran un jersey o un pantalón de la penúltima temporada. En fin que aunque la gente parece normal, la realidad es que cada uno rellena los armarios con lo que puede. Otro amigo mío, lo tiene repleto de sueños olvidados y los domingos cierra las ventanas de su casa y los deja volar por el salón de su casa para contemplarlos a gusto. Entonces recuerda que le gustaría dejarse el trabajo y cambiar de vida, recuerda todas sus ilusiones infantiles y durante un rato sonríe de nuevo. Claro que lo sueños, como las polillas, a veces, también se acercan demasiado a la luz y entonces se chamuscan y se caen al suelo. Mi amigo también los entierra, pero sin cruces, porque dice que no podría verlas. Mi amigo sale con el coche y tira los sueños chamuscados al mar. Dice que allí al menos se sentirán libres, lo cual es absurdo porque están quemados. Yo no le entiendo, aunque tampoco digo nada, al fin y al cabo es su armario, así que cuando voy a visitarlo siempre llevo algún recuerdo de segunda mano para alimentar sus sueños. Él también trata de mostrarme su armario, pero yo le digo que no, que me da miedo, lo cual es verdad porque no me apetece ver como los sueños olvidados devoran los recuerdos caducados. Así que siempre que voy a una casa ajena y veo un armario cerrado me pregunto qué ocultará en su interior. Alguna vez me he atrevido a entreabrir alguna de esas puertas y me he asustado al encontrar allí, agazapadas en el interior, la verdadera personalidad de mi anfitrión, esperando un descuido para saltar al mundo y quemarse con la luz. El caso es que cuando conocí a rAiTjAn, lo primero que le pregunté fue si tenía armarios en su casa. Al decirme que los había vendido todos, supe que había encontrado mi media naranja. Yo le compré una polilla como regalo de compromiso y ella me devolvió un sueño mordisqueado, como si fuera una galleta a medio comer. Desde entonces devoramos la vida y procuramos apartarnos de las luces brillantes y de los cementerios de palillos porque nos dan miedo. No necesitamos armarios porque la ropa de segunda mano se la regalamos a mi amiga para que devoren las polillas y nuestros recuerdos alimentan depósitos de sueños olvidados. Nosotros mientras tanto mordisqueamos la vida con mucho tiento, procurando que las migajas atraigan a los pájaros y nos enseñen el camino hacia el cielo.

Pasado Popular

El Partido Popular recurre ante el Constitucional que el matrimonio entre homosexuales no se llame matrimonio y, si lo logran, siempre pueden recurrir a la Academia de la Lengua Española para que los homosexuales no sean llamados homosexuales, sino maricones, como toda la vida. Aunque sólo han pasado tres meses desde la entrada en vigor de esta ley la situación está tan aceptada por un porcentaje muy alto de la población que es como si ya pudiéramos verla con perspectiva histórica. Desde esa mirada que no necesita 20 años de desclasificación de documentos, ni 40 para la muerte de todos los protagonistas, lo que se ve es que los "gays" han dependido del PSOE del siglo XXI para poder casarse y ahora se exponen a que ese Partido Popular que ha dejado de mirar al pasado les anule el matrimonio.
El Partido Popular no ha necesitado ni un día para darse cuenta de que no hay fisuras entre sus cargos ni entre sus bases. Ninguno quiere que esos matrimonios se llamen matrimonios y acaso en unos meses todos quieran que el colectivo pase a ser designado como maricones y punto. Los maricones y tortilleras del Partido Popular tampoco tienen más fisuras que las que trae el cuerpo para evacuar y divertirse y quieren casarse pero sin que ese enlace se llame matrimonio porque ya saben que no es lo mismo ser pera que manzana, normal que anormal. Parecía que Rajoy era la mirada al futuro mientras que Acebes seguía sin pestañear desde que el presente se hizo pasado el 14-M. Parecía pero no. Cuando Rajoy dijo que se acababa el mirar al pasado se consagraba a sí mismo como pretérito y se abolía ante este futuro que empieza en el Tribunal Constitucional.

Brujos de receta

Un virus hipotético, aunque letal, nos espera a la vuelta de la esquina. Su antecesor lleva años dando saltos mortales del pollo al pato, del pato a la cigüeña, de la cigüeña a la oca, y tiro porque me toca. Todavía no ha hallado la forma de saltar de un ser humano a otro, pero todo se andará, aseguran los expertos. Cuando eso suceda, bastará con que un individuo infectado estornude para que toda la familia contraiga la gripe aviar. Al día siguiente, los miembros de esa familia repartirán democráticamente la enfermedad. Los niños, que son estudiante, entre sus compañeros; el padre, que es sobrecargo, entre el pasaje del avión; la madre, que trabaja en un ambulatorio, entre los enfermos de la lista de espera... Parece puro azar, pero es pura estrategia.
De momento, el microorganismo padre, que se llama H5N1 (¿por qué no Ignacio o José Luis?) no ha encontrado el modo de saltar de persona a persona. Da vueltas alrededor de las aves, como una ruleta, a la espera de una mutación que le permita esa hazaña. Sólo tiene que convertirse en otro, lo que, según el cálculo de probabilidades, no es más que una cuestión de tiempo. El premio a su paciencia es la pandemia. Los periódicos dedican todos los días una o dos páginas a esa calamidad inexistente provocada por un virus que todavía no ha nacido. ¿Es raro o no es raro? Cuando llegue, diremos con expresión perpleja: "Era esto".
No podemos defendernos de algo irreal. La vacunación consiste en introducir en el cuerpo un virus muerto o seriamente disminuido, que estimula las defensas naturales. Pero cómo obtener el cadáver de un individuo inexistente. La voz de los científicos recuerda estos días a la de los viejos profetas: anuncian un Apocalipsis seguro y basan sus profecías en el estudio de las aves. En la antigua Grecia, los adivinos capaces de interpretar estos signos eran muy apreciados. Un buen científico ve cómo se mueve un pollo y deduce una plaga bíblica. Los brujos, ahora, llevan corbata, trabajan para la OMS y no dicen una palabra más alta que otra. No hay nada misterioso ni esotérico en sus formas, pero acojonan más que un programa sobre las visiones de Aznar escuchado a media noche. Dios nos asista y nos guarde en un frasquito.

Amigas

Una amiga me contó que había leído en una revista que si tienes amigas íntimas vives más tiempo. Al parecer las amigas tienen un efecto antioxidante que protege al cuerpo contra los achaques de la vejez. Eso está bien, le dije, porque yo tengo algunas amigas y seguro que he ganado por lo menos un año de vida. Ella me miró con desprecio y me dijo que según el artículo lo de las amigas sólo se aplica si eres mujer. Los hombres envejecen peor, incluso si son capaces de hacer amistadas. Pero eso no es justo, pienso yo. Los cigarrillos matan por igual a hombres y a mujeres, así que no puedo entender porque a ellas las amistades tienen que darles salud y a nosotros dejarnos con la vida en los labios. En esto de la vejez es una mala elección ser hombre. Claro que a lo mejor siendo metrosexual mejoran las cosas, aunque el artículo no decía nada sobre ellos. El caso es que mi amiga me dijo que había sacado su agenda y que se puso a llamar para empezar su tratamiento de juventud. Me dijo que después de varios intentos se había dado cuenta que en realidad tenía muchas conocidas pero muy pocas amigas. Me explicó que al hacerse mayor, se había distanciado de sus compañeras de la infancia y ya de adulta no había conseguido intimar casi con nadie. Bueno sí con Marta, me comentó con un gesto, pero nos peleamos hace tres años. Por lo de Ramón me aclaró y yo asentí sin recordar exactamente lo que pasó con aquel novio suyo. Pensé que a lo mejor las peleas entre amigas tenían el mismo efecto que fumar cigarillos, donde cada uno te quitaba un par de minutos de vida, pero no dije nada porque ella parecía preocupada y no quería empeorar las cosas. Regresé a casa intranquilo, sin saber porqué, la conversación con mi amiga me había dejado inquieto. Conecté internet y comprobé que tenía varios correos de amigas y me pregunté si la amistad electrónica serviría para algo; si ser amigo de una mujer les daría a ellas aunque fuera unos segundos más de vida. Porque si tampoco servimos para eso, el papel de los hombres en el mundo está en vías de extinción. Las mujeres intimarán con mujeres para cuidar su salud y los hombres tendremos que resignarnos a relacionarnos entre machos sudorosos porque ninguna mujer querrá perder el tiempo con nosotros. Las amazonas lo descubrieron hace miles de años y por eso era el pueblo más longevo de la historia y el río de lágrimas más caudaloso del globo. Los hombres cada vez moriremos antes, sobre todo de aburrimiento y en un futuro cuando se pueda elegir el sexo de los bebés, sólo nacerán mujeres longevas que se relacionarán con amigas desde el parvulario. Las agendas de las mujeres echan humo porque localizar a tus amigas es el tratamiento de juventud más barato que se ha inventado hasta ahora. Encima no tiene contraindicaciones salvo para los hombres que se quedarán olvidados en un rincón oscuro de las dichas agendas. Me imagino un mundo lleno de cafeterías donde grupos de mujeres reunidas alrededor de una mesa, hablen y rían sobre sus vidas, mientras cuentan los segundos que están ganando entre sorbo y sorbo de café. Me imagino un mundo de hombres acurrucados en sus casas, pegados al televisor y a los deportes, contando los segundos que les quedan para morir de asco y soledad. Así que la suerte está echada, sólo queda rezar para que el estudio estuviera equivocado y los hombres también podamos convertirnos en amigos de esos que regalan algo de vida. Yo siempre lo había intentado pero al parecer y según el artículo todo ha sido en vano. Mis amigas han perdido el tiempo conmigo y yo debería sentarme a ver la formula uno y dejarme morir sin molestar a nadie.

Idaira RIP Movilis Putatis

Pues casi que la cosa tuvo tanto remedio como un cataclismo natural, y la presente edición de Operación Triunfo no la va a ganar Idaira -esa joven taciturna (o aplatanada) de sonrisa triste y nariz de karateka-, y eso que el dinero que los canarios han dilapidado por salvar a la muchacha está dando de comer a más de un muerto de hambre de la ínclita Academia. Y este tipo de gente, en el fondo, es muy poco agradecida. El caso Idaira es uno de esos chollos mediáticos que afloran cada año y que cuatro listillos han sabido aprovechar para ponerse las botas y bailar al son de un blues de mensajes que no ha dejado de ingresar euritos en la cuenta de una conocida productora audiovisual. Yo no sé si Idaira será mejor o peor cantante que cualquiera de los otros finalistas de la edición de este año, pero de lo que sí estoy seguro es de que nuestra Idaira (ya yo la siento mía después de tanto bombardeo beatífico) es la más rentable, la que más dinero ha recaudado para los sabios de la Academia con una nominación tras otra. Estos tíos son más listos que el hambre, tienen sus estudios estadísticos y todo, y saben muy bien que los canarios estan enganchados al tema este de concursos tipo Operación Triunfo, como así han venido demostrando a lo largo de pasadas ediciones con los Ramón, Toni Santos y el resto de la basca, que vaya usted a saber donde están ahora mismo esos genios de la canción que una vez salvaron a golpe de móvil para convertirlos en estrellas y todavía estan esperando su parte de la inversión astronómica. Los canarios salimos a la calle a armar jaleo sobre unos zancos para reivindicar un mísero dos por ciento de Cultura, pero luego no invertimos los cuatro chavos que nos bailan en el bolsillo en hacer realidad esa otra culturilla personal, a pequeña escala (comprando un libro, por ejemplo), sino que los gastamos en este nuevo mecenazgo popular del teléfono móvil, en engañosos mensajes salvadores que no llegan a otra parte que a los bolsillos rotos de cuatro listillos comemierda. Con todo el dinero que se han gastado los canarios en la Idaira, le hubiéramos pagado a la chica unas clases de canto como Dios manda y todavía nos hubiera sobrado dinero para contratarle un par de discos con la mejor productora, promoción publicitaria incluida. Sin embargo, el homo movilis no atiende a razones, se siente poderoso y seguro, él solo, con ese consolador multimedia entre las manos, algo que ya llevamos en los genes (el móvil) y que la Naturaleza no tardará en otorgarnos de serie en futuras generaciones. Nos quejamos cada año de lo caro que sale el material escolar de nuestros regatones, nos ponemos remolones a la hora de comprar una libreta; pero luego no escatimamos en mensajitos a Idaira. Y, mientras tanto, la educación de nuestros hijos no hay quien la salve de la enésima nominación.

wiar de chempions, victori is auar

Una vez más Tenerife y sus hijos han vencido. Y es que lo que nos falta -se trata de una penosa anemia histórica- es confianza en nosotros mismos. Cuando la llega la ocasión excepcional y se tensan las cuerdas del espíritu, nos sobreponemos a todas las dificultades del destino y todas las miserias del odio, y así expulsamos a Horacio Nelson de la plaza y puerto de Santa Cruz o conseguimos que Idaira continúe amaestrando gallos en la garganta que descuella en Operación Triunfo.
Pero seamos realistas. Idaira puede perder. Indudablemente es la mejor, (¿como que no?, cállese, ignorante) pero existe una conspiración para expulsarla de la Academia. ¿Por qué la expulsarán? Porque es buena chica. ¿Por qué es buena chica? Pues ya le digo, porque la expulsarán. Pero Idaira forma ya parte del patrimonio cultural, sentimental y patriótico de Tenerife y se merece un agradecimiento que vaya más allá de la vacua retórica y de los mensajes por teléfono móvil. Se están preparando las siguientes medidas:
1. Idaira no deberá pagar ninguna tasa para ver a los cetáceos, aunque se le rogará que no cante en el barco, para que las ballenas no pierdan enloquecidas el sentido de la orientación y se suiciden estrellándose contra el acantilado de Los Gigantes (fotografía con Milagros Luis Brito).
2. Idaira será la madrina de honor en la inauguración del tranvía Santa Cruz-La Laguna, y recibirá un bono gratis total vitalicio con derecho a transmitirlo a hijos, nietos y bisnietos (fotografía con Ricardo Melchior).
3. Idaira será el rostro de Tenerife Capital Europea de la Cultura en 2016 (fotografía con Adán Martin, en segundo término, detrás de Cristóbal de la Rosa).
4. Idaira recibirá, en recuerdo de sus felices y esforzados años como karateca, un cinturón negro diseño exclusivo de Gucci (fotografía de la Plataforma Ahora toca: 2% de los presupuestos para cultura).
5. Idaira dará su nombre a una nueva mezcla de gofio de trigo y millo que se comercializará con un CD con sus mejores éxitos (Fotografía con José Joaquín Bethencourt y logotipo de grabaciones Acentejo).
6. Idaira presidirá el comité de honor del Campeonato de Kárate Tres Continentes y Una Perra de Vino, que se celebrará en el Pabellón Municipal de los Deportes (fotografía con Dámaso Arteaga).
7. Una figura de Idaira sustituirá a la del Padre Anchieta en la remodelación de la rotonda y nuevo nudo de circulación lagunero (fotografía con Ana Oramas sonriente, dando saltitos).
8. El salón de plenos del Ayuntamiento de La Laguna pasará a llamarse Salón Idaira (fotografía con Ángela Mena).
9. El retrato de Idaira figurará como matasellos en todos los certificados de garantía financiera del Cabildo de Tenerife (fotografía con Víctor Pérez Borrego).
10. Idaira cantará en Fitur en una sala insonorizada (fotografía con José Bermúdez).

Patera cero ( 0 )

Después de constatar anoche los fulminantes resultados de la carta de José Manuel Bermúdez, vicepresidente del Cabildo de Tenerife, a la dirección de la coprofágica Operación Triunfo, gracias a la cual a la heroica Idaira solo le dijeron que cantaba mal, probablemente sería un acierto universalizar la metodología. Es que Bermúdez impone mucho, y esa carta firmada por el vicepresidente, aunque con discordancias gramaticales y las comas salpicadas de cualquier manera, debe haber aterrorizado a la productora de televisión. No perdamos tiempo ni energías después de haber inventado este nuevo mecanismo de acción política. Y apliquémoslo a problemas tan importantes como los chillones sueños de Idaira, por ejemplo, a la inmigración ilegal. No es tan difícil. Basta con que el Cabildo de Tenerife indague en su excepcional base de datos y obtenga todas las direcciones de los ciudadanos subsaharianos. Si no encuentran alguna, se la pueden pedir a Ignacio González o José Miguel Suárez Gil. Y Bermúdez, en esa prosa limpia, caballerosa, respetuosa pero firme, les remitiría a los habitantes de todos los países del África Occidental la siguiente carta.
"Estimado señor subsahariano:
La Isla de Tenerife ha sido una atenta observadora de las desgracias y catástrofes que afligen, infortunadamente, al martirizado continente vecino. Vecino, aunque no residente en Santa Cruz. Sin embargo observamos, en el transcurso de los últimos años, cómo miles de sus compatriotas pretenden llegar a las costas de este Archipiélago en busca de una vida mejor. Más allá de las opiniones al respecto, pretendemos únicamente hacerles llegar lo jodida que están las cosas en esta Isla, a fin de que no la confundan con un paraíso donde corren la leche, la miel y los mercedes. Desde esta corporación, que defiende como principal valor el derecho a la vida y a ganar los concursos televisivos, le sugerimos que opte por quedarse en su casa o arregle los papeles antes de embarcarse en ninguna aventura de incierto destino.
Sin otro particular, reciba un cordial saludo.
José Manuel Bermúdez Esparza
Presidente Accidental".
En la cumbre hispano-marroquí, el presidente Adán Martín ha indicado que el objetivo de su Gobierno, en materia de inmigración irregular, el llegar a la patera-cero. No sé si quien provee de metáforas al presidente del Gobierno el mismo que redacta cartas petitorias en el Cabildo. Antes, incluso, el presidente declará algo así como que ya era hora de que Canarias pudiera meterse en la cocina. En la cocina de las cumbres internacionales, quería decir Martín. Nunca se asombrará uno bastante del nacionalismo coalicionero , con vocación tan satisfechamente pastelera, que nos ha tocado en suerte en el cambio de milenio y con aspiración mileranista, avanzado entre metáforas adventicias con las manos en la masa.